Crematorio

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

30 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Antes de ese cáncer fulminante que lo devoró en tres días, Rafael Chirbes dejó constancia escrita de su compromiso ético con el presente. Hay muchos ejemplos, pero, tras ver a la Guardia Civil en la sede de Convergencia, el más revelador es ese Crematorio en el que el escritor ordena en capítulos toda la porquería chabacana de los años previos al crac y deja en pelotas una sociedad ahíta de chorizos, maletines, zorras y piscinas de lujo en la que es fácil percibir ese murmullo sordo que siempre se escucha cuando va ganando la infamia. 

Hay quien a estas horas se sacude la sospecha envolviéndose otra vez en la senyera, cuando el asombro debería residir en el tiempo que el sistema se ha tomado en investigar un latrocinio que, como casi todos los otros, era conocido y que incluso fue glosado en sede parlamentaria por Pascual Maragall. Si el socialista recordara quién es, podría señalar que han pasado diez años enteritos desde que nos contó que CiU tenía fijada su mordida en un apañado 3 %. En ese instante supimos que los partidos políticos solían fijar comisiones como los bancos un TAE, aunque lo peor de todo es haber comprobado que la gravísima indicación del ex president no fue más que una especie de cita de autoridad que todos dábamos por cierta pero que en realidad no existía, porque el propio Maragall rectificó su valentía cuando Mas lo amenazó con bloquear la reforma del Estatuto, qué cosas.

En los años de la infamia que Chirbes menudea hasta provocar asco en el lector, los políticos cobraban comisiones y la sociedad digería como algo inevitable un impuesto revolucionario que por estas tierras llegó a apellidar a algún conselleiro. Al menos en algún sitio se ha consumado esa digestión. Aunque sea diez años después.