¿Visitantes o cormoranes?

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

En los últimos tiempos, distintos colectivos han denunciado la gestión de la administración del Parque Nacional de las Illas Atlánticas. Las críticas se centran en la alta presión de visitantes que sufren las islas y denuncian los efectos que este aluvión diario tiene sobre los valores naturales del parque. De manera concreta, los científicos han dado a conocer datos que ponen de manifiesto la alarmante reducción de las poblaciones de gaviota o de cormorán moñudo, además de la práctica desaparición de otras especies de aves frecuentes en el área.

Para situar a los lectores, el parque puede ser visitado diariamente por dos mil doscientas personas además de los ochocientos residentes en el cámping. Aceptando que no se venden más pasajes de los permitidos, algo que se ha publicado en varias ocasiones, nos encontraríamos diariamente con diez personas en cada hectárea de la isla principal de las Cíes, acantilados incluidos. Es obvio que esto no ocurre, ya que la presión se concentra en determinados puntos, pero trasladando las cifras al Parque Nacional de los Picos de Europa esto supondría del orden de seiscientos cincuenta mil visitantes diarios, aparte de residentes y campistas. Ahora consideren la fragilidad de los ecosistemas litorales presentes en las Cíes y se harán una idea de cómo van las cosas; el parque nacional se ha convertido en un parque acuático.

Los parques nacionales son espacios naturales amplios, poco transformados por la explotación u ocupación humana, cuya belleza natural y singularidad, o representatividad de sus ecosistemas, les confieren una gran relevancia desde el punto de vista de la conservación; este es el primer objetivo de los parques, además de su finalidad científica y educativa. Mi impresión, sin embargo, es que la mayoría de los visitantes del parque acuden allí para bañarse en la playa de Rodas y no para conocer la evolución de la población de la herba agulleira, por poner un ejemplo; de ese déficit de interés por los valores del parque es responsable la Administración.

Cada parque es diferente y necesita un plan de uso y gestión específico que defina con claridad qué cosas se pueden hacer y cuáles no. La singularidad de las islas Cíes aconseja limitar el número de visitantes que acceden al parque, además de otras medidas concretas de gestión. Sin duda se trata de una tarea difícil, porque existen intereses encontrados, pero avanzar en ese camino exige hacer hincapié en los valores naturales, y no en una bonita playa, para que los ciudadanos sean conscientes de la importancia de esos ecosistemas, apoyen su conservación y acepten las limitaciones. El caso de la alta valoración de la reserva de Muniellos, en Asturias, en la que solo pueden entrar veinte personas al día, es revelador en ese sentido.

Desde Darwin hasta nuestros días las islas han ejercido siempre una poderosa atracción sobre los naturalistas, al ser consideradas auténticos laboratorios naturales. Los científicos se han esforzado en comprender el funcionamiento de los ecosistemas insulares para llamar la atención sobre su importancia y garantizar su conservación. Esos deberían ser los pilares de la gestión del parque nacional y no el aumentar el número de visitantes o la venta de cremas solares. Así de sencillo, visitantes o cormoranes.