Los diversos jugadores que actúan en el territorio de Siria mueven sus fichas con bastante desconcierto, es decir, que no siguen una línea estratégica predeterminada, cambiando de direcciones y objetivos. El resultado lo estamos viendo, cuando a los rusos, cansados de ver el desastre y confusión -de lo que se aprovecha el verdadero enemigo, el que más daño hace y destroza toda clase de civilización que no sea lo que proclaman en su califato, que quieren convertir en un Estado Islámico- les están dando argumentos para que Putin haya ordenado la intervención directa de las fuerzas rusas.
Ahora, los americanos y otros occidentales -como los franceses, que también acaban de intervenir en Siria- discuten la actuación de los rusos, porque puede provocar interferencias con las acciones militares occidentales. Bueno, dicen ellos, eso podría permitirse siempre que no sea para defender al régimen de Al Assad, que es precisamente por lo que están actuando los rusos, en lo que no van a ceder. Así, esta cruel guerra, con millones de víctimas civiles, ciudades destruidas y un país roto que se disputan unos y otros, cada vez se acerca más a un tablero lleno de fichas que se mueven con distintas reglas de juego. Cada uno a lo suyo. El factor tiempo corre a favor de los que, como el Estado Islámico, usan sus propias reglas y las aplican con una dureza terrorista. Solamente con una coalición internacional promovida por la ONU podría hacerse frente a una situación tan confusa y desconcertante.