Desde hace meses, sobre todo a partir de las últimas elecciones autonómicas y municipales, se ha especulado sobre el futuro político de Núñez Feijoo en medios de comunicación y en los castizos mentideros madrileños. Tan es así que parece ya habitual preguntar por ello, como ha sucedido en un reciente foro en el que Rajoy exponía su mensaje electoral. A estas alturas es innegable su positiva imagen pública fuera de Galicia como eficaz gestor y excelente comunicador. Que la haya cultivado está dentro de lo que ha constituido prácticamente la totalidad de su actividad profesional iniciada como funcionario público de la Xunta de Galicia. Es un dato que ningún otro presidente autonómico periférico ha tenido más intervenciones que él en la capital, ni haya mantenido más entrevistas y desayunos abiertos a la prensa. Más allá de su quehacer autonómico se ha pronunciado sobre asuntos de Estado o generales del PP y se ha mostrado como buen conocedor del rumbo a seguir por el gobierno, sin que sea ahora el caso de señalar variaciones o divergencias.
De otra parte, aunque no haya tenido que haberse presentado a las últimas elecciones, que no han sido exitosas para el PP, ser el único presidente popular ahora respaldado por una mayoría absoluta contribuyó a la buena imagen. El interés que suscita el futuro de Feijoo tiene que ver con esta etapa final de la legislatura en la que el resultado de las elecciones del 20-D es incierto para el PP y Rajoy se juega definitivamente el suyo. En otro momento se trataría de mera curiosidad ante la que es comprensible la ambigüedad con la que habitualmente se ha manifestado. La ida a Madrid, después de dos mandatos en Galicia con mayoría absoluta, dejando encauzada la sucesión, entraría en la normalidad, sin inmiscuirse en lo personal. Los tiempos han cambiado. Los presupuestos sobre los que se planteó la ahora retirada propuesta de disminución de parlamentarios tenían como referencia la actual distribución de fuerzas que no es probable que se repita en el futuro.
La ambigüedad no resulta ahora ya tan razonable. No parece que haya sido suficiente la clara manifestación del Presidente este verano sobre dónde veía a Feijoo en el futuro. No habría que tener duda de que se presentará a las elecciones para renovar la presidencia de la Xunta. Parecería despejada con la remodelación que acaba de hacer y el proclamado nuevo impulso social. Y sin embargo persiste. Van haciéndose concreciones parciales, como no ser candidato en las elecciones generales. No son suficientes si se tiene en cuenta que en confidenciales se difunde que trata de dejar una puerta abierta para optar a líder de la oposición si al final Rajoy no consigue la presidencia del Gobierno. Cualquiera que sea el fundamento de esas fuentes, se mantiene una duda que puede dañar la opción electoral del PP al no descartarse desde dentro su posible derrota. A Feijoo, mejor informado, corresponde si es necesario o no despejarla.