Un grupo de paleontólogos ha encontrado en Cataluña el fósil de una hembra homínida a la que han bautizado como Laia y que tiene una edad de 30 millones de años. Y están asombrados, porque junto a los huesecillos apareció también el talonario de la cuenta de un banco de Andorra. Parece que van a intentar investigar con carbono catorce el flujo de los fondos. Entre tanto, la CUP llama a la desobediencia a las leyes españolas, y los hay en Barcelona que están comenzando a cruzar los semáforos en rojo y, a altas horas de la madrugada, pulsan los timbres de los porteros automáticos de las viviendas. En fin, Mas y su peluquero -el peluquero de Mas es como el porquero de Agamenón- están desconcertados, porque creían haber creado un tupé imbatible y ha aparecido un tipo con la cabeza rapada y gafas de diseño que habla idiomas -para que le entiendan en todo el mundo que España nos roba- y que se ha llevado el gato al agua. Entre tanto, el honorable Ubú, el arrogante comisionista, que tanto gustaba de dar a los españoles lecciones de moral, sufre por tener que dar explicaciones de sus desfalcos a unos seres inferiores. Creer que la patria es sagrada es una tontería, es creer que al sexto día Dios creó Cataluña. La patria es una palabra traicionera. De lo que hay que hablar es de espacios de convivencia en igualdad, justicia, democracia y respeto. Pero lo que aquí se está viendo es una alianza de la rana con el alacrán. Y como sigan juntos cruzando el río se van a ahogar todos.