Retranca matinal

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

Una mañana, tras dejar el coche en un taller, me dirigí a tomar un taxi en las proximidades de un pueblo vecino. Al no ver ningún vehículo estacionado en la parada, opté por entrar en una cafetería para tomar un café y abrigarme del frío durante la espera. Todo era bastante normal, el molinillo de café hacía mucho ruido, algunas personas desayunaban en la barra y la televisión informaba de las noticias del día. Por supuesto, llovía.

Accidentalmente, observé que en una mesa situada a mi espalda un hombre leía atento en La Voz de Galicia la página de las esquelas; por extraño que les parezca, su cara era la de estar degustando un menú de uno de esos restaurantes de moda. En un determinado momento otro hombre entró en el bar, se acercó a él, y le dijo: «Non te busques que xa mirei eu pola mañá e non saes». Retranca matinal, un vecino informa a otro de que no está muerto.

Al cabo de un buen rato, y como el taxi no llegaba, le pregunté al camarero que atendía la barra si sabía a qué hora venía el taxi o dónde podía localizar al conductor. Atentamente me dijo: «¿Ve aquel hombre que está en la mesa leyendo las esquelas? Pues es el taxista». Al parecer, su necrológica afición era bien conocida en la villa, por lo que pensé que, aunque corto, me esperaba un interesante viaje.

A lo largo del trayecto me informó de manera pormenorizada de todos los sucesos luctuosos ocurridos en la zona: desapariciones, accidentes de tráfico y un ahogamiento. El hombre insistía en que una maldición había caído sobre nosotros y, como prueba, esgrimía que los periódicos cada vez tenían más páginas de esquelas.

Tratando de cambiar de tema le pregunté, de forma arriesgada, qué opinaba de la actual situación política, y les confieso que su respuesta me sorprendió: «¿Qué se puede esperar de un país que no tiene esquelas en el Diario del Parlamento?»; lo que obviamente interpreté en sentido figurado. Cuando por fin llegamos a casa, me dio las gracias y me dijo que tuviera cuidado al bajar, que podían atropellarme, como a un vecino suyo. «Ahora me voy a un entierro», precisó.

Los lectores se preguntarán, sin duda, a qué viene esta loca historia. Pues trataré de explicárselo. Aunque al principio pensé que me encontraba ante un demente, pronto me di cuenta de que el taxista era un fino analista político. Al fin y al cabo siempre he pensado que el Congreso de la última legislatura se parecía bastante a un tanatorio y, aunque el actual empieza a parecerse a la serie Al salir de clase, creo que el cambio es bueno. Además, ha desaparecido Floriano, Esperanza Aguirre ha tenido un accidente y Bárcenas está ahogado.

Sin embargo, lo que más me gusta de esta historia es imaginarme a Pedro Sánchez buscando su esquela en el Diario de sesiones, mientras Mariano Rajoy entra en la cafetería y le dice: «Pedro, ya miré yo y no sales».