La hora de la verdad

OPINIÓN

25 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En el rito de la tauromaquia existe una hora de la verdad en la que el torero se juega el éxito o el fracaso. En ese momento ya no hay ocasión para desplantes de cara al público, lances pintureros y adornos con la capa y la muleta. Ese trance decisivo puede requerir un pequeño tiempo para cuadrar el toro. Valdría la imagen para describir la situación política en que nos encontramos, sin que haya de trasladar a ese ruedo el lance sangriento del estoque. Toca decidir, mostrar las cartas, si se está a favor o en contra de unas nuevas elecciones. Tal como están las cosas, la gran responsabilidad recae en el PSOE: si va a permitir o no una presidencia de Pedro Sánchez condicionada por Podemos, con o sin participación en el Gobierno. No le demos más vueltas.

La ronda de consultas por el rey ha culminado con la renuncia de Rajoy a presentarse ahora a la investidura. Se ha elogiado por su habilidad de desconcertar a los contendientes, se la ha calificado de argucia para ganar tiempo, incluso como un paso táctico para el adiós definitivo, que no ha confirmado. Con ella se libra de un calvario y se evita el espectáculo del Congreso convertido en un Coliseo en el que se consuma el presidenticidio anunciado.

Desde la perspectiva constitucional ha sido una decisión correcta. El rey realiza la preceptiva consulta «con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria» y propone un candidato en representación de uno de ellos; conviene tenerlo en cuenta. Si no consta fehacientemente otra cosa, la propuesta recaerá en el que acude a la consulta como es lo ordinario. Siendo Rajoy el representante del partido más votado, la propuesta del rey era obligada. Por inédita que sea, y resulta más que impertinente recordar el 23F, en nuestra Monarquía parlamentaria el rey no tiene discrecionalidad para proponer un candidato, ni para interpretar la viabilidad parlamentaria del propuesto. Se comprueba en el Parlamento y puede calibrarse por quien debe aceptar presentarse ante él. La decisión de Rajoy se comprende por las manifestaciones reiteradas del líder socialista y las manifestadas aquella mañana a Felipe VI por el líder de Podemos y aireadas, que hacen imposible conseguir los votos suficientes para la investidura. No se impiden otros intentos, el de Pedro Sánchez en primer lugar y, en su caso, la misma o distinta candidatura del PP. La del PSOE con Ciudadanos es de difícil explicación.

Hay que iniciar otra ronda de consultas por el mismo orden, porque la primera no tuvo éxito. Lo que prevé la Constitución es que transcurridos dos meses a partir de la primera votación de la investidura frustrada el rey disolverá las Cortes y convocará nuevas elecciones. El manejo del tiempo es la única facultad que tiene el rey: el que han de aprovechar los partidos.