La pequeñez de España

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

07 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En realidad lo de Valencia es una de las tradiciones más arraigadas de la política española. La reina María Cristina, ya en el siglo XIX, era conocida por sus negocios turbios. El desastre de Annual del 1921, en que se pone en evidencia la corrupción de los altos mandos militares que tenían a la tropa calzada con alpargatas y armada con viejos fusiles, mientras ellos bebían champán en Melilla, cuesta a España, según el informe Picasso, trece mil vidas y la dictadura de Primo de Rivera. Y al rey Alfonso XIII le acaba costando su corona. En la II República saltó el escándalo del estraperlo de Lerroux. Y Azaña en sus diarios explica cómo su actividad principal consiste en denegar prebendas. Franco se estrenó con los sobornos millonarios de Churchill a los generales españoles. Luego vino el gran espectáculo de Matesa, que acabó como una obra de Beckett, o la gran estafa del aceite de Reace en Redondela, en la que estaba implicado Nicolás, el hermano del dictador. Y ya con Felipe González el desmadre de Filesa y sus filiales: la corrupción de los partidos. Desde entonces, creo que ya no es necesario recordarles nada. Solo, si acaso, que los políticos no son alemanes ni birmanos. Son españoles como usted y como yo. Tal vez sean usted mismo -que no yo-. Por eso, porque está tan arraigada la corrupción en nuestra historia, nos cuentan Rajoy y los suyos a diario que lo malo no es robar sino que te pillen, y por eso, mientras tanto, aquí nadie dimite.