Desconfianza

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

04 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El Índice de Confianza del Consumidor es uno de esos farragosos estudios que el CIS hace cada mes para calibrar cosas que parece imposible encajar en un patrón de medidas. Intangibles como las expectativas personales o la percepción que los ciudadanos tenemos de la situación económica caben, sin embargo, en ese termómetro que en los últimos meses pone porcentajes a la baja al ánimo de la gente.

Desde diciembre hasta ahora ha caído desde los 107 puntos hasta los 95, en un índice en el que la barrera de los cien separa el optimismo y el pesimismo sobre cuestiones como la economía familiar, la marcha del país o el empleo. Y como las fechas cuadran, podría deducirse sin riesgo a equivocarse mucho que la incertidumbre generada por unos resultados electorales complicados, la incapacidad de los partidos políticos para formar un gobierno y la perspectiva de unas nuevas elecciones con escasas posibilidades de un resultado muy diferente cotizan claramente a la baja en el estado de ánimo.

Quizás fuese el pesimismo que veníamos arrastrando lo que nos llevó a elegir un Parlamento como el que tenemos (seguramente no como el que merecemos). Había motivos para el desánimo, con corrupciones y escaqueos a diario en medio de enormes y a veces despiadados ajustes. Pero, visto el arranque del debate de la investidura imposible, existe el peligro de que entremos en un prolongado estado de melancolía. Y eso no se cura ni siquiera emulando en el hemiciclo aquel fraternal beso socialista del soviético Breznev y el alemán oriental Honecker en plena Guerra Fría. No parece que un ósculo vaya a puntuar al alza en el índice de confianza.