Cuando España, permítanme la metonimia, acudió a la eurovisiva Belgrado en el 2008 se inició el camino de la regresión de nuestras luces. David Fernández, con apodo que por rubor excuso reproducir, era nuestro representante. ¡El nuestro! Fuimos decimosextos. Se mejoró el resultado de años anteriores y algún Wyoming vendió aquella «honrosa posición» como un triunfo más de la España progresista. No era para menos. El líder Zapatero decía entonces que la economía crecía desaceleradamente, o algo similar, y Pepe Blanco despachaba en las gasolineras. Sospeché entonces que llegaríamos al lugar donde estamos: la ruina de la inteligencia. Esta semana todos mis fantasmas se tornaron reales y comprendí que mi aserto se había quedado corto. Les cuento. El lunes escuché la rueda de prensa de Alberto Garzón detallando, desde el exordio al epílogo, su encuentro con el «ciudadano Felipe de Borbón». Lo dijo decenas de veces: «ciudadano Felipe de Borbón». Y tan ancho. El martes vino un actor, Fernando Tejero, que fue tendencia en las redes sociales por decir no sé qué de un rabo. Formaba parte, él y otros intelectuales, del grupo de abajofirmantes de un manifiesto que solicitaba que Podemos e IU concurriesen unidos a las elecciones. También aquel día, como héroe de Estado, comparecía a iniciativa de Podemos el exetarra Otegi en el foro europeo de Bruselas. Un hombre de paz, dijo Pablo Iglesias.
Pero no se detuvo ahí el delirio. Miércoles, desayuno, Sánchez pide disculpas por haberle llamado indecente a Rajoy. Tardó casi cinco meses esta epifanía del arrepentimiento ¿He dicho alguna vez que Sánchez, Luena y Hernando han sido lo peor que le ha pasado al socialismo? Lo repito, por si acaso. Sánchez: un personaje digno de un drama de Shakespeare, ahora que estamos en su aniversario. Macbeth, quizá.
El jueves todos se despedían con la soflama de Alexandra Fernández, que piensa todavía que fue Rajoy quien ordenó al conductor del Alvia siniestrado circular a 190 km/h en lugar de los 80 a los que estaba limitada la velocidad. Es normal, también insultan a Feijoo y al PP por «haber matado» con los recortes en sanidad. Y no pasa nada. Aquí te llaman asesino por cumplir con tu deber y héroe, como Otegi, por colaborar con asesinos. Es la izquierda. La misma que gobierna Ferrol, A Coruña o Compostela.
Finalizo. Viernes: el PSdeG anuncia primarias. Les sugiero que animen a Macbeth Sánchez, no encontrarán mejor candidato. He aquí la nueva política: nos ha vencido el delirio. Yo no lo soporto más.