En realidad para que exista democracia tiene que haber candidatos; porque, de qué nos sirve el voto si no tenemos a quién votar. En situaciones así salen elegidos Cicciolina, Beppe Grillo o Rodolfo Chiquilicuatre. Ahora, como en diciembre pasado, estamos preparados de nuevo para votar con el justo deseo de que nuestros votos decidan a los que nos representan; pero lo que ellos buscan es que nos pleguemos a sus deseos de poder. Y el resultado, parafraseando a Churchill, es que nunca tan pocos tomaron el pelo a tantos.
Lo malo es que nos tienen atrapados, porque los ciudadanos no sabemos o, mejor dicho, no podemos hacer otra cosa que votar. En los últimos cuarenta años nos hemos convertido en un pueblo pacífico, liberal y demócrata, y el mal ya está hecho, qué le vamos a hacer. Solo nos falta que también se hagan demócratas nuestros candidatos.
Y ya de paso, que nos traten como adultos y no nos den lecciones morales. Solo pretendemos que nos recojan la basura, nos faciliten la sanidad y la educación y, en fin, que nos bajen los impuestos y persigan a los ladrones. Sobre los toros ya nos pondremos de acuerdo nosotros.
Las ideologías y las cursilerías, los liderazgos y las frasecitas, sobran en un país, como el nuestro, que sigue necesitando lo que ya pedía en su cantar El Cid. Ahora se van a meter de nuevo en nuestras casas para hacerse publicidad con nuestro dinero. Como diría Mota, ay, Señor, llévame pronto.