La revista Science publica en la portada de uno de sus últimos números un artículo dedicado a los líquenes. Los líquenes son unos curiosos organismos constituidos por la simbiosis entre un alga, o una cianobacteria, y un hongo, que todos hemos visto en numerosas ocasiones colgando de los árboles, a modo de barbas, o adheridos a las piedras, cortezas, etcétera.
Los líquenes se adaptan a condiciones de hábitat muy variadas, por ello colonizan todas las zonas climáticas de la Tierra: podemos encontrarlos del Ecuador a los polos y desde el nivel del mar hasta las más altas cumbres. Se han utilizado en medicina popular, en la industria de perfumería y decoración, y más recientemente como indicadores de la contaminación ambiental.
Pues bien, lo novedoso de lo publicado es que además de la unión de esos dos elementos que ya conocíamos, en los líquenes está presente una levadura, otro tipo de hongo unicelular, algo hasta ahora desconocido. Por decirlo de manera coloquial, los líquenes han pasado de ser una pareja estable a un ménage à trois entre un alga, un hongo y una levadura.
Todavía se desconocen las implicaciones de este descubrimiento, pero las levaduras nos están dando muchas sorpresas en los últimos tiempos. Gracias a un equipo de la Estación Biológica de Doñana sabemos hoy que las levaduras están presentes en el néctar de las flores y aumentan hasta seis grados centígrados la temperatura de las plantas que florecen en invierno, por el calor que generan cuando procesan el néctar.
Este hecho, probablemente, explica la supervivencia en ecosistemas de montaña de plantas que florecen en invierno, pese a la nieve y a las gélidas temperaturas. Así, una vez más, aunque desde una perspectiva diferente, una relación de dos, entre las plantas y los polinizadores que visitan sus flores, se convierte en un ménage à trois con una levadura que interviene degradando el néctar al que acuden los insectos.
Yo siempre he sido un fan de las levaduras por su papel en la fabricación de la cerveza y otros productos, pero lo que realmente me apasiona es ver cómo estos pequeños organismos van a hacer cambiar nuestros libros de texto, en pleno siglo XXI, para incorporar su relevante papel en muchos procesos biológicos. Para que los lectores no piensen que las levaduras son un tema aburrido, les recordaré un viejo chiste: ¿Saben qué le dice una levadura a otra? Te invito a mi primera fermentación. Pues bien, yo les invito a que cuando lean el periódico disfruten con las noticias científicas, aunque lleven por título Ménage à trois.