Cartas

Rubén Santamarta Vicente
Rubén Santamarta PAISANAJE

OPINIÓN

12 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Ahora que nadie escribe cartas, Correos ficha a 1.600 personas, con contrato fijo. Posiblemente hay que repartir menos facturas y propaganda electoral (pero seguirán llegando) y más poesías (que seguirán faltando).

Ahora que nadie escribe cartas, que la vida se manda al éter en 140 caracteres, que WhatsApp prepara videollamadas y que en los edificios no hay ni buzón de spam ni de voz, pocas cosas recuerda uno más estimulantes que el asombro de un crío de vacaciones en casa de los abuelos recibiendo esa carta del amigo del colegio. Los ojos muy abiertos reconociendo su nombre en el envés. Los dedos pellizcando la postal tratando de ampliarla. La mente pensando qué contestar. Quizá solo supere esa ilusión la sonrisa del cartero de aldea viendo la letra torcida y discontinua del remitente.

Ahora que nadie escribe cartas, uno recuerda a ese compañero de La Voz que consiguió una de sus mejores noticias acudiendo directamente a quien solo podía conocerla, un alto funcionario en Madrid. Lo hizo a través de una carta manuscrita. El frontón de asesores, jefes de prensa y burócratas que habían dicho no lo ablandó aquel sincero manuscrito a Bic negro con una pregunta final. La fuente respondió utilizando el mismo sistema, y en el sobre iba la noticia del mes para Ferrol.

Visto el poder terapéutico de la letra escrita, y la potente legión de carteros que se avecina, uno no puede por menos que imaginar esa postal de la playa de Silgar, con matasellos de Sanxenxo, entrando por el despacho presidencial de San Telmo en Sevilla. «¿Cuándo vas a venir a ayudarme? Atentamente, M.R.».

Pero es que sucede que nadie escribe cartas...