¡Qué Pokémon ni qué leches!

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

02 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Según he leído en la prensa, todo el mundo anda por las calles cazando monstruitos con el teléfono móvil. Al parecer el atractivo del juego, llamado Pokémon Go, radica en que la aplicación reconoce el lugar en que se encuentra el usuario gracias al GPS del móvil. A medida que se desplaza, el jugador es capaz de ver a los muñecos escondidos, que aparecen en la pantalla como si estuvieran en el entorno real.

El juego ha causado furor en todo el mundo, hasta tal punto que la policía de algunos países ya ha tenido que editar manuales para regular la caza de monstruitos y evitar accidentes, algunos de ellos fatales. Los expertos aseguran que el éxito se debe a que fuerza a la gente a salir de casa y pasear, dejando atrás la idea de que los juegos virtuales tienen como escenario principal el sofá. Por si no lo sabían, ya hay pokerrutas, pokeparadas y pokequedadas a lo largo de las ciudades.

Como me cuesta entender lo que está pasando, he acudido presto a la página web del juego y mi confusión ha ido en aumento. Para aclarar la cuestión, no les miento, incluyen el siguiente texto: «Evolucionar a un Pokémon puede ayudarte a rellenar tu Pokédex cuando no encuentres fácilmente ciertos Pokémon en estado salvaje. Por ejemplo, si hay muchos Poliwag por tu área, pero no ves ningún Poliwhirl, atrapa muchos Poliwag para poder, más adelante, tener la oportunidad de que uno de ellos evolucione a Poliwhirl». Pues vale.

Ahora me encuentro fatal. Reconozco que a los que tenemos cierta edad se nos escapan muchas cosas de los jóvenes, sobre todo aquellas que tienen que ver con las nuevas tecnologías y los juegos virtuales, pero de eso a que los niños se pasen el día «evolucionando Pokémons», suponiendo que sepan que significa evolucionar, hay un abismo. No pido que jueguen a las canicas, o al trompo, pero tiene que existir un término medio.

Qué extraño es el mundo. Si una paciente madre de familia le encarga a su hijo que vaya al supermercado de la esquina a cazar una cebolla, dos tomates y una berenjena, el niño le responde que no tiene ganas de salir porque está jugando con el móvil; ahora bien, si se trata de ir a buscar muñequitos virtuales el chaval sale como un rayo. Esto no es normal.

Como el tema me preocupa, se me ocurre que podría desarrollar una aplicación para que los chavales vayan a la compra y eviten así esa engorrosa tarea a sus madres. Cuando el teléfono móvil detecte un repollo, el niño lo captura y consigue unos puntos al llevarlo a casa; si detecta judías, pues más puntos y así sucesivamente. Como además son productos estacionales, el niño puede capturar diferentes verduras en cada época de año.

Sin embargo no pienso dedicar mi tiempo a ese tecnológico fin y, aunque sé que no es políticamente correcto, sigo pensado que es más efectivo el clásico: «Manolito, ou vas polas patacas ou levas un capón». ¡Qué Pokémon ni qué leches!