¿No hay otra forma de ayudar al mundo rural?

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

Seguro que han leído que la designación de la provincia como circunscripción electoral es la gran responsable de las deformaciones que padece el teórico sistema de representación proporcional vigente. Por una parte, la proporcionalidad apenas funciona, o no funciona en absoluto, en perjuicio de los partidos más pequeños, cuando el número de diputados elegibles en una provincia no permite el adecuado reparto de los restos. Por otra parte, la asignación de una representación mínima a cada circunscripción, premia a las zonas rurales poco pobladas y castiga a los grandes centros industriales; así por ejemplo, y de manera aproximada, hay un diputado por cada 30.000 sorianos mientras que hay un diputado por cada 150.000 barceloneses.

Seguro que han leído, más de una vez, que la razón para este desaguisado es que se necesita proteger a las provincias menos habitadas. Se trata, cómo no, de favorecer al mundo rural otorgando una sobrerrepresentación a sus votantes. Los pobres habitantes de ese mundo necesitan ayuda para no caer en el olvido, como si no hubieran caído ya hace tiempo. ¿No habrá otra forma de ayudar al mundo rural?

Sin embargo, seguro que no han leído, como bien señala Sergio del Molino, autor del interesante ensayo La España vacía, que la única razón es dificultar a las fuerzas pequeñas su implantación y tener un sistema de colocación de políticos de las grandes urbes que no tienen puestos de salida en su provincia; es, en definitiva, un sistema de prebendas que genera clientelismo y altera la realidad electoral.

Hace unos meses, escuché una entrevista con Rafael Catalá a propósito de su designación como cabeza de lista en las generales por la provincia de Cuenca. En sus declaraciones reconocía que nada tenía que ver con la Ciudad Encantada, aunque la había visitado en contadas ocasiones, pero que si salía elegido sería un gran defensor de las demandas de los ciudadanos de la provincia, en permanente contacto con los líderes locales. Vaya peligro.

Pues bien, creo que el ejemplo del ministro de Justicia es palmario, como lo son otros de diferentes partidos, y no veo que nadie se tire de los pelos. Un paracaidista aterriza en una provincia que no conoce para servir de conseguidor e intermediario entre los caciques locales y la urbe, estableciendo redes clientelares que canalizan los fondos sin otro criterio que las afinidades políticas; por cierto, en Galicia tenemos buenos ejemplos. Resulta despreciable que la única forma de acercarse a la realidad rural sea utilizando sus votos.