Cada vez lo entiendo menos, aunque se sucedan las declaraciones y los análisis.
No soy capaz de entender como en un partido que presume de historia centenaria de participación democrática puede darse una falta tan evidente de diálogo interno como la demostrada para llegar al esperpento de las dimisiones y del caótico comité federal del sábado.
No logro comprender qué hay más allá del no a que gobierne el PP como garantía de las esencias izquierdistas. No logro vislumbrar si esa garantía está en intentar un gobierno alternativo que necesitaría el apoyo de opciones tan radicalmente zurdas como el PNV o la antigua Convergencia catalana, o en unas terceras elecciones en la que todo apunta a que las opciones conservadoras tendrían el camino alfombrado hacia la mayoría en el Congreso mientras no se sabe cuál sería la profundidad del agujero en el que caería el otrora partido de gobierno.
Mi escasa imaginación tampoco alcanza a ver como lograrían, quienes tan escasa capacidad de diálogo interno demuestran, pactar un Gobierno y, después, un presupuesto que consiguiese el visto bueno de Podemos y sus confluencias, Bildu, Esquerra, PNV y PDC.
Tan siquiera soy capaz de identificar con la entrega de armas y bagajes a la derecha el facilitar un Gobierno del PP, o del PP con Ciudadanos, que se vería obligado a pactar cada medida con la oposición y que podría verse obligado a ejecutar leyes impuestas desde las bancadas contrarias.
A ver si los sastres que tienen que coser el destrozado traje del PSOE son capaces de hacer, además, un alarde didáctico para que los más cortos de entendederas consigamos aclararnos y saber hacia dónde quieren ir.