Escrito en piedra

Alfredo Vara
Alfredo Vara EL PUENTE

OPINIÓN

18 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Parece que hay quien mide el aprecio al patrimonio común más en volumen de presupuestos y de superficie construida que en sensibilidad real para su conservación.

Un ejemplo. Visitar el parque arqueológico de Campo Lameiro es, con sus limitaciones, una experiencia enriquecedora. Es un placer visitar -pude hacerlo el domingo, acompañando a un grupo de gallegos interesados en conocer mejor su tierra- la exposición sobre la forma de vida de quienes habitaron esos montes en la Edad del Bronce, y recorrer el amplio recinto con un arqueólogo que ayuda a descubrir el rico legado que dejaron grabado en las piedras.

Salir del parque e intentar ver algunos de los petroglifos diseminados por la zona produce la impresión de internarse en la selva. Una sensación que conocen y han denunciado reiteradamente quienes se preocupan por la conservación del inmenso patrimonio gallego de arte rupestre.

La señalización inadecuada o inexistente hace que localizar las rocas sea en muchos casos tarea casi imposible sin la compañía de un experto. Frecuentemente la maleza oculta las piedras, con el riesgo añadido de que el fuego destruya grabados que han merecido tesis doctorales pero no la atención imprescindible para conservarlos. En los casos más afortunados en que se ha limpiado el entorno, a veces la señalización brilla por su ausencia o es claramente inadecuada, no solo para los visitantes sino también para advertir a quienes van a trabajar al monte con maquinaria o acuden con prisa a luchar contra un incendio forestal.

No se necesitan altos presupuestos ni grandes obras. Solo sensibilidad para tratar de evitar que se destruya en horas lo que se ha conservado durante milenios.