Coser no es la solución. Hace falta mucho más. En el PSOE no hay suaves telas deshilachadas o rotas. Hay planchas con aristas cortantes que chirrían en cuanto se tocan y necesitan soldadura consistente.
Hay demasiado dolor, demasiadas heridas que supuran, un exceso de lenguaje bélico y de invitación a que se marchen del partido los oponentes.
Da pena, y mucha vergüenza ajena, ver adónde ha llegado la organización que capitaneó la gran transformación social y la reincorporación de España a Europa tras el oscuro aislamiento de la dictadura.
Urge un congreso ordinario, en el que el PSOE busque la identidad perdida hace ya años. Las heridas no se van a cerrar por si solas, solo con esperar y poner un poco de pomada. Más bien el retraso hará pensar a los perdedores del último Comité Federal -un 40 %, que no se olvide- que el objetivo es consolidar en el poder a los que respaldan a la gestora.
Urge pasar página. Perderán un tiempo precioso si se entretienen en pensar qué sanción imponer a los díscolos o qué hacer con un ex secretario general que parece querer ponerse en pie y reincorporarse a la pelea cuando aún presenta síntomas de no haberse recuperado del golpe que lo tumbó en la lona del Comité Federal.
El PSOE debe redefinir sus objetivos. A largo plazo, pero también a corto, para decidir cómo hacer oposición a Rajoy y con quién aliarse en cada momento. Un grupo parlamentario fracturado y sin liderazgo reconocido será presa fácil para sus adversarios de uno y otro lado.
Lo más urgente es un congreso en el que reencontrar sus ideas y elegir después nuevo líder. Antes de que la desbandada de votantes y de militantes lo haga inútil.