Rajoy, Aguirre y la mujer del César


Vendar una herida sin desinfectarla primero, o sin cortar previamente por lo sano, es la mejor manera de que aparezca la gangrena. Algo que la dirección del PP comprueba dolorosamente estos días en sus carnes. Mariano Rajoy lleva tiempo tratando de conseguir el imposible de desligarse del pasado más negro de su partido sin implicarse en la depuración de responsabilidades. El resultado de esa política contumazmente errónea es que la Justicia acaba asumiendo el trabajo que él no quiere hacer. Y que, al final, tiene que afrontar igualmente los errores del pasado, pero tarde, mal y a rastras, dando así la imagen de que lo hace contra su voluntad. 

Rajoy tiene todo el derecho a defender su honestidad personal. Pero parece haber olvidado que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo. Y convendría que supiera que esa máxima no la inventaron los enemigos de Julio César, sino que fue él mismo quien se la aplicó a su esposa Pompeya, repudiándola cuando hubo motivos para la sospecha, a pesar de estar seguro de que no había cometido ningún hecho indecoroso. El compromiso de Rajoy con la regeneración sería más creíble si, como ha hecho la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, hubiera sido el PP el que denunciara las irregularidades de antiguos cargos. O si hubiera exigido al menos explicaciones a los exdirigentes sospechosos de corrupción, en lugar de quedarse en la obviedad de defender la presunción de inocencia de personajes como Jaume Matas, Luis Bárcenas, Rodrigo Rato o, ahora, Ignacio González.

En vez de podar personalmente el árbol, Rajoy ha preferido que la fruta marchita vaya cayendo por su peso. Algo que, al final, se vuelve en su contra. Resulta por ejemplo inaudito que Esperanza Aguirre siga siendo la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid. ¿Con qué autoridad puede representar a su partido alguien que siendo presidenta de Madrid y líder del PP regional tuvo como vicepresidente del Gobierno autonómico y secretario general del partido a dos personas que en este momento están entre rejas e imputadas por gravísimos delitos de corrupción? Aguirre debería estar fuera de la política hace tiempo. Y resulta grotesco que pretenda seguir dando lecciones de moralidad pública. Todo el PP sospechaba desde hace años que Ignacio González no era trigo limpio. Y, sin embargo, se permitió que asumiera la presidencia de Madrid para evitar un choque con Aguirre. Otro error que se vuelve contra Rajoy.

El líder popular debe demostrar con sus actos y declaraciones que ni teme ni debe nada a los corruptos, como hacen, por cierto, otros dirigentes del PP. Cuando comparezca como testigo en el caso Gürtel, tiene una gran oportunidad de hacerlo, cargando contra quienes utilizaron sus cargos para enriquecerse y exigiendo que sean condenados, caiga quien caiga, sin limitarse a decir que no sabe nada. Mientras no haya esa ruptura total, Rajoy y el PP seguirán siendo, como Gatsby, botes que reman contra la corriente, devueltos sin cesar al pasado.

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