Quién manda aquí

María Xosé Porteiro
María Xosé Porteiro HABITACIÓN PROPIA

OPINIÓN

17 may 2017 . Actualizado a las 08:16 h.

Hubo un tiempo en que en el PSOE se reflexionaba sobre ideas, como cuando se lanzó el Programa 2000, dirigido por Manu Escudero, para analizar los desafíos de los nuevos tiempos y buscar respuestas desde la izquierda. Aquello no funcionó porque nadie había previsto la caída del muro de Berlín, la emergencia del capitalismo en Rusia y China, o las consecuencias de la globalización, la revolución tecnológica o la era digital.

Poco después, guerristas y renovadores se enfrascaron en una lucha feroz sobre el modelo de partido para dilucidar «quién manda aquí». Las huellas de aquella guerra de poder son visibles en unas primarias con más modos de enemigos ideológicos que de aspirantes al liderazgo. Se nota que han pasado mucho tiempo desconectados de las bases y de la realidad social, ocupados en cuitas internas. El pasado lunes, en la sede socialista de Ferraz, se hicieron visibles síntomas de un problema de difícil solución.

En lo externo, están otros partidos socialistas europeos perdidos en la cuneta. No supieron reaccionar ante un futuro que llegó para convertir en pesadilla el sueño del continente feliz, donde la socialdemocracia tenía su medio natural y exportaba la fórmula ideal del Estado del bienestar. Nuevas crisis: monetaria, de seguridad, climática, de refugiados y el descrédito de las instituciones comunitarias se lo han llevado por delante y, si bien la derecha no se inmuta porque sus compromisos están en otro lado, la izquierda histórica está tocada del ala y no aporta respuestas ni en lo global, ni en lo europeo, ni en lo nacional. En lo interno, la ruptura que se produjo en lo que Borrell llamó los idus de octubre, reabrió viejas heridas y la desconfianza de una militancia que se siente engañada por unos y manipulada por otros.

De esto no se habló en el debate del 15M. Faltó visión estratégica y capacidad de propuestas para el tiempo que vivimos. Sobraron muchos «y tú más» que harán ganador a alguno, pero no garantizarán la victoria en una próxima cita electoral. Para ello, tendrían que aplicarse y procurar soluciones ante la pobreza galopante, el paro crónico o la corrupción que nos ahoga y avergüenza. Todo ello con la dificultad añadida de un Parlamento donde es muy difícil concitar acuerdos desde la izquierda y con el populismo pisándole los talones.

Pero en este difícil escenario, es donde el PSOE tiene que emplearse a fondo para recuperar la confianza y la credibilidad de muchos ciudadanos que no se sienten representados ni en comportamientos, ni en valores ni en capacidad para encontrar soluciones. Y si no, ya se sabe. El PP y Rajoy seguirán oficiando, en China o en Tombuctú, los funerales del Estado del bienestar y celebrando la continuidad del modelo «como Dios manda», o sea, que a quien Dios se lo dé, San Pedro se lo bendiga.