Diversidad uniforme


He leído los diez folios del memorando que le ha costado su puesto de trabajo en Google a James Damore. Esperaba un escrito bronco y militante, pero me he encontrado con un texto bien escrito, razonable y matizado en el que no acabo de descubrir un ápice de sexismo, a no ser que se entienda por tal algo que parece de sentido común: que hombres y mujeres somos distintos. Gracias a Dios, porque si no, este mundo sería terriblemente aburrido. Imagínense el horror de un mundo en el que solo existiera la sensibilidad femenina o, peor incluso, la de un mundo en el que solo existiera la sensibilidad masculina. El problema del informe de Damore no radica tanto en su pretendido sexismo -él mismo se declara partidario de la diversidad-, sino en que critica la tendencia a asumir determinados tipos de prejuicios -que califica de izquierdistas- y a silenciar cualquier opinión que, incluso de lejos, se oponga a ellos, lo que deriva en una cultura corporativa autoritaria en la que, de hecho, las posiciones conservadoras quedan excluidas como si no tuvieran nada que aportar.

Me temo que esto es lo que más ha dolido del informe y la principal razón de su despido, aunque él se confiese liberal. Quizá Damore sea injusto y el ambiente de Google no responda a los estándares que describe. Ahora, pese a tratarse de un informe interno y del que se desprende un afán inequívoco por mejorar la empresa, Damore ha sido despedido en un acto que dice mucho de la poca diversidad que se acepta, reducida a un concepto negativo: representación de no blancos, de no varones y de no conservadores, sin que importe su contrario: la ausencia de blancos, de varones o de conservadores.

@pacosanchez

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