Semana grande de la riqueza


Nos pilla un poco a desmano porque estos días tenemos la agenda cargada de fiestas y cuchipandas y el cuerpo ya no nos da para más. Entre reuniones familiares, patronales y gastronómicas, estamos que no podemos. Pero, una vez que desde Europa nos anuncian que la crisis ha quedado atrás y que la economía de la Eurozona está de nuevo tan en forma, como lo estuvo antaño, hay que replantearse inmediatamente celebrar la semana grande de la riqueza.

Llevamos diez años de sufrimientos y lamentaciones y, al fin, todo se acabó. Se acabó gracias a que, en la adversidad, las instituciones de la UE y los Estados miembro tomaron fuertes decisiones políticas para contener la crisis y evitar posibles resultados peores, según también nos recuerdan desde el Ejecutivo comunitario. Así que lo mismo debemos de incluir otra semana de fiesta en honor a la Comisión, que con tanto acierto y tanto rigor nos supo conducir hacia la abundancia de la que disfrutamos.

Aún más. Sus majestades Dombrovskis y Moscovici, a los que les debemos gran parte del éxito, han hecho un análisis exacto del momento. «El desempleo está en su menor nivel desde el 2008, la banca es más fuerte, la inversión está creciendo y las finanzas públicas gozan de una mejor salud», dijeron. Y debe de ser cierto porque en España tenemos el paro en el 21 %, frente al 9 %, por ejemplo, de nuestros vecinos lusos; el juvenil está en el 45 %; el salario anual bruto por trabajador cayó un 0,3 % en el último año, a pesar de que la economía creció más de un 3 % y el crecimiento de los sueldos está en el 5,2 %, mientras la inflación supera el 10%. Y eso por no hablar de desigualdades, riesgo de pobreza y de los 60.000 millones que nos birlaron los bancos. Así que otra fiesta para estos lumbreras.

Aunque lo que realmente deberíamos hacer es la semana grande de la insensatez y la desvergüenza.

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