Escalada

Tino Novoa EN LA FRONTERA

OPINIÓN

PAU BARRENA | AFP

Ya no se trata de un atentado low cost, como se pensaba en un primer momento. Los terroristas habían preparado una matanza mucho mayor para hacer el máximo daño posible. Y no la habían improvisado. La habían planificado con tiempo y detalle. Tampoco eran unos simples radicalizados ni unos lobos solitarios. Eran un grupo bien organizado con capacidad para provocar una gran destrucción, material y en vidas humanas. Por todos detalles, los yihadistas que han actuado en Cataluña están más próximos a los terroristas que perpetraron los ataques a los trenes del 11M que a los autores de las recientes acciones en otros países europeos. Y eso supone un peligroso salto cualitativo, una escalada que nos obliga a tomar plena conciencia del elevado riesgo de este tipo de terrorismo y, en consecuencia, a asumir la acuciante necesidad de tomar, ya, medidas reales y efectivas. Ciertamente, el yihadismo tiene raíces históricas y geopolíticas profundas. Y hay que arrancarlas, pero lleva tiempo y no resuelve las urgencias actuales. El Estado Islámico es el gran foco de irradiación de terrorismo en Occidente, pero aún siendo necesario acabar con él ni siquiera su desaparición (objetivo inviable a corto plazo) erradicaría el problema. También deberíamos mirar hacia dentro y preguntarnos por el caldo de cultivo para que arraigue la cultura del odio y la muerte entre una parte, aunque sea minoritaria, de la comunidad musulmana. Pero incluso eso necesita tiempo. El riesgo de atentado era evidente antes y sigue siéndolo ahora. Lo perentorio es hacer todo lo necesario para evitarlo. Incluida la unidad, coordinación y colaboración eficaz de todas las instituciones, partidos y cuerpos de seguridad. Sin recelos, sin excusas.