En la famosa película Cabaret, del coreógrafo Bob Fosse, hay una escena en que, por medio de una bella canción, Tomorrow belongs to me, se explica estupendamente en apenas tres minutos la evolución del nazismo. Hoy la deben de estar cantando los jóvenes catalanes independentistas. Uno habría pensado que los catalanes estaban en contra de la España de charanga y pandereta de Machado, la España rancia, futbolera y taurina, autoritaria y corrupta, ludópata y putera. La España de curas y monjas que tanto detestaban Galdós y Pío Baroja. Pero no. Cataluña no abandona su afición a los prostíbulos, ni sus misas de doce, tampoco va a dejar el folclore, los correbous o la rumba. Ni por supuesto la corrupción o el amiguismo. Y de ninguna manera el fútbol. Vuelve alegremente al siglo XIX. Todavía, pues, les queda por pasar el 98, el desastre de Annual, dos dictaduras y, en medio, una guerra civil.
Mañana Cataluña recupera la calle, la algarabía, o, como dice la CUP, empieza el mambo. Panem et circenses. Pero, mientras suenan los bongós, los que mandan desde siempre seguirán mandando, sin tanta ley ni tanta tontería. Los banqueros suizos se debe de estar frotando las manos.
Eric Blair, el escritor inglés que firmaba como George Orwell, escribió un libro titulado Homenaje a Cataluña, en que contaba su peripecia en nuestra Guerra Civil, y, de paso, su amor a esa tierra. Pero, con un disparo en la garganta, tuvo que huir del hospital de Barcelona porque los catalanes andaban a tiros entre ellos. Luego llegó Franco, vaya.