La vida, instrucciones de uso

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

El escritor francés Georges Perec escribió en 1978 un libro considerado una obra maestra con este mismo título. La vie: mode d`emploi es la construcción literaria de un edificio en el que habitan familias normales junto con los grandes autores de la literatura universal y está construido como un puzle que intercomunica todas las estancias.

El libro lo recuerdo cada año en estos emotivos días vísperas de la gran eclosión de ternuras afectivas que coinciden con las fiestas navideñas. Y vuelvo, regreso, al territorio de la infancia en donde fui inmensamente feliz, sentándome en la mesa de los días grandes con abuelos, tíos y primos que conjuntamente celebrábamos la alegría de vivir en la gran cita familiar.

La noche era la más buena de las noches y la misa del gallo nos convocaba a una algarabía solemnemente religiosa que remataba cantando villancicos y panxoliñas.

Cada amanecer del día de Navidad repicaban en mi pecho emociones antiguas que ya nunca más volví a sentir, y los años transcurrieron en ese rosario que va de la infancia a la madurez y comencé a contar los días de Nadal por ausencias que fueron vaciando la mesa navideña. A los abuelos y a los tíos y tías que se fueron para siempre siguieron amigos que viven donde la luz es más intensa, y aquellas fiestas mágicas y felices se transmutaron en los días más tristes de una memoria que se fue diluyendo en el mundo saudoso de la nostalgia.

Años después en el puzle de la vida fui construyendo mi propia familia, y los hijos ocuparon la mesa vacía y la Navidad se reinventó con la calidez humana de lo entrañable y crecimos juntos en un hosanna jubiloso y encontramos de nuevo la noche de paz que nunca habíamos olvidado.

Aguardo que mi hogar sea una casa franca en la noche del día veinticuatro, para que la tradición se renueve entre risas y recuerdos, anécdotas y esa dosis inevitable de melancolía que me transportará al alféizar de una ventana desde donde se contempla el universo entero

En el trecho del camino transcurrido se ha cauterizado la herida del tiempo, mientras a mi alrededor sentí como crecía el olvido, como se desvanecían los viejos principios que afianzaron mi oficio de hombre y que no me distrajeron nunca del deseo de paz en la tierra para las personas de buena voluntad mientras invoco un gloria a Dios en las alturas.

El libro de Perec se lee hasta completar un rompecabezas de miles de piezas que siempre terminan por encajar, como se completa la historia personal de las sucesivas navidades entre brindis y pequeñas miserias permanentemente disculpables.

En la mesa lejana de las cenas con los abuelos y antes de comenzar a comer el turrón teníamos un pensamiento colectivo, como una oración laica, para el caminante sin cobijo en la noche llena de frío, lluvia o nieve.

Yo quiero recuperarlo en esta ocasión para convertirlo en mi felicitación de Pascuas, en una feliz Navidad que les deseo vivamente.