Que usted lo mate bien

María Xosé Porteiro
María Xosé Porteiro HABITACIÓN PROPIA

OPINIÓN

EFE | Ballesteros

23 abr 2018 . Actualizado a las 09:07 h.

Nada de lo que ocurre hoy en la política española se corresponde con los manuales del buen gobierno ni con los de la eficaz y leal oposición. En cualquier país de nuestro entorno, el caso Cifuentes habría sido resuelto con dolor, pero con decisiones. La conspiración Bescansa/Errejón habría sido un escándalo mayúsculo. La portavoz socialista de igualdad no habría caído en el ostracismo pese a su excelente trabajo contra la violencia de género. Una ETA muerta hace años no ocuparía espacio mediático ni pasaría sin pena ni gloria que la Iglesia vasca reaparezca para reconocerle su antigua adhesión, pese al mandato bíblico del «no matarás». Y posiblemente Ciudadanos estaría teniendo más dificultades para convertirse en el posible repuesto que necesita la derecha, incluso sin tener apenas implantación fuera de Madrid y Cataluña. ¿Por qué se mantiene incólume el Gobierno pese a la reiterada visita de destacados dirigentes del partido popular a los juzgados por situaciones que harían tambalear al de Merkel o al de Macron? ¿Por qué a nadie le importa que la agenda internacional se reduzca a un encuentro bilateral en Argentina -a donde va Rajoy por primera vez tras siete años como presidente-, sin mayores resoluciones que la coincidencia con Macri en su repulsa a los bolivarianos? ¿Por qué el ministro de Hacienda desdice al de Justicia -y al juez que investiga el procés- sin dimitir ninguno? ¿Por qué la secretaria general del partido en el Gobierno se empecina en apoyar in articulo mortis a la presidenta madrileña? Pues porque haga lo que haga, no pasará nada. Pocas veces la acción de un gobierno ha sido tan irrelevante, comandado por una suerte de piloto automático cuya única hoja de ruta es tirar como sea, siguiendo la máxima de que no hay problema mejor resuelto que el que se pudre en un cajón. Y por la ayuda inestimable de los partidos de una oposición ausente del escenario real, enfrascados en disputas internas, con el tiempo jugando a la contra de la construcción de una alternativa. El PP lo sabe, como sabe que dejando a sus enemigos políticos perseverar en el error, gana el gobierno, así que por qué preocuparse por el improbable triunfo de una moción de censura en Madrid; ni porque cuatro meses después de las elecciones, Cataluña siga con la Generalitat intervenida; ni porque Cifuentes tenga un brote repentino de memoria y se acuerde ahora de las corrupciones de Aguirre. En este escenario, Rajoy se parece cada día más a Gila acordando la intendencia de una contienda que a nadie parece interesar: «Oiga ¿es el enemigo? ¿podría parar la guerra una hora o así? es que se nos ha atrancao el cañón. El sargento, que ha metido la cabeza dentro para pasar revista y no la puede sacar (…) ¿Entonces quedamos así? pues hasta el domingo ¡que usted lo mate bien!».