A Galicia le debe preocupar Nicaragua

Luis Grandal
Luis Grandal EN VIVO

OPINIÓN

03 ago 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Se echa en falta una política del Gobierno español más proactiva para mediar en el conflicto que se vive en Nicaragua y del que no debemos ausentarnos. España tiene mucho que decir y hacer algo al respecto. Nada de lo que ocurra en Latinoamérica nos debe ser ajeno. ¿Qué estamos haciendo como país privilegiado permanente en la Organización de Estados Americanos (OEA)? Sabemos que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no tiene fondos para trabajar y también sabemos que el informe del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha pedido al Gobierno nicaragüense que desarme a los paramilitares y cese en la represión, reconociendo así que se está vulnerando la democracia y los derechos más elementales. Quizás es el momento en que nuestro país medie con la UE para liderar una posición común frente a los acontecimientos.

Nicaragua es un estado pequeño, insignificante en la política internacional. Con 6,2 millones de habitantes, un PIB como el de Cantabria (poco más de 13.000 millones de dólares) y la segunda renta per cápita más baja de todo el continente americano (2.100 dólares) es, sin embargo, profundamente hispano. Según el estudio Genomics Components in America’s Demography, publicado en Japón en 2017, el nicaragüense promedio presenta una composición de entre el 58 % y el 68% de los genes europeos, casi exclusivamente españoles, 28 % de herencia indígena de diversas etnias mesoamericanas y un 14 % proveniente de África. Tenemos con ellos una responsabilidad histórica, ética y de apoyo a su estabilidad.

Pero si la situación que atraviesa Nicaragua debería preocupar a España, también es un problema para Galicia. Las importaciones españolas procedentes de Nicaragua ascendieron en 2017 a 53 millones de euros. Casi el 75 % de estas importaciones corresponden al capítulo de «pescados, crustáceos y moluscos», que son las ventas a su matriz en España de la planta camaronera Camanica, del Grupo Nueva Pescanova, que lo vende en bloques de dos kilos en el mercado europeo y asiático. Camanica, situada en la ciudad de Chinandega, cuenta con 4.500 hectáreas de cultivo, tiene 200 trabajadores, es el mayor productor de larvas de América y puede elaborar 30.000 toneladas al año. La empresa produce más del 50 % de las exportaciones de langostinos de Nicaragua. Pero los intereses gallegos no terminan aquí. En febrero de este año, la Cámara de Comercio de Vigo organizó una misión comercial directa a Managua compuesta por cuatro empresas gallegas, entre ellas la tecnológica TokApp presente en 10 países y con la Asociación Nicaragüita en España como cliente. A Galicia, lo que sucede en Nicaragua, también le debe preocupar.

Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, representan lo más rancio del caudillismo autoritario en Latinoamérica. Mientras les convino utilizaron la democracia para corromperse y perpetuarse en el poder. Cuando vienen mal dadas por su dependencia del cadavérico bolivarianismo venezolano, entonces recurren a la fuerza bruta de las armas para someter a su pueblo. Parafraseando a Sergio Ramírez: «Es un poder en tiempo pasado que sigue matando desde el pasado. Es un poder incompatible con el presente, pero más incompatible aún con el futuro».