Periódicamente se pone de manifiesto que la tan cacareada separación de poderes del Estado español (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), es papel mojado. El ejemplo más reciente está en el consenso alcanzado por el Partido Socialista (PSOE) y el Partido Popular (PP) para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) con el nombramiento de sus miembros y del presidente.
A los componentes del CGPJ los catalogan como progresistas y conservadores, cuando, en una auténtica separación de poderes, deberían de ser jueces sin más, porque eso es lo que son.
La realidad es tozuda y pone de manifiesto la hibridación de poderes legislativo-ejecutivo-judicial. La hibridación es la producción de seres híbridos. Híbrido, según el Diccionario de la Real Academia se define de la siguiente manera: aplícase al animal o al vegetal procreado por individuos de distinta especie. El caso más conocido es el de la mula: hija de asno y yegua o de caballo y burra; es casi siempre estéril.
¿Será una mula estéril el CGPJ que ha salido de la hibridación de los poderes ejecutivo-legislativo-judicial?
En la hibridación de orbitales atómicos se combinan dos o más orbitales puros de un átomo (s, p, d, etcétera) para formar orbitales híbridos, iguales entre sí, que originan enlaces más fuertes y determinan la geometría de la molécula resultante.
La hibridación de poderes propiciada por los partidos solo conduce a socavar la esencia del sistema democrático y no se parece en nada a la hibridación de orbitales atómicos.