Catástrofes


A mediados del siglo pasado, el matemático René Thom enunció la Teoría de las Catástrofes, cuya aplicación a las ciencias sociales y de la conducta tuvo gran predicamento allá por los años ochenta y que, en nuestro país, divulgó por primera vez Salvador Dalí, siempre ávido de nuevos avances científicos que inspiraran su obra plástica. 

Una catástrofe es aquello que hace perder el equilibrio y cambiar la estructura de cualquier cosa. Se pretendía saber si es posible predecir acontecimientos del tipo de en qué momento, dónde y de qué manera se va a producir una grieta en la pared, un desplazamiento de continentes o un cambio de estructura social o personal.

Todos ellos son ejemplos de catástrofes singulares, cuyo estudio escapa a los métodos del cálculo diferencial de la física mecanicista y también al control humano.

La vida es una sucesión de sucesos que suceden sucesivamente -afirmaba el marqués de Lozoya-, pero en la vida hay sucesos sin más y sucesos que provocan catástrofes como las que el matemático René Thom pretendía estudiar para poder controlarlas.

Lo malo es que este tipo de catástrofes son del todo impredecibles y nunca podemos saber qué renuncia, qué elección o qué encuentro va a provocar un cambio catastrófico en nuestra vida. Tampoco qué consecuencias reales va a tener que te enamores de alguien o de que alguien se fije en ti, que tengas un accidente, te vayas de viaje a Cuba o te disparen la primera bala ilegal.

Cualquier suceso mínimo puede rompernos el equilibrio y generar un cambio catastrófico irremediable.

Así de fuerte y también así de intenso.

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