El paño catalán


Contaba ya en 1882 José Martí en una crónica para la prensa de Caracas: «Se ha rebelado Cataluña, que quiere que sus productos ásperos y costosos sean preferidos en el resto de España a los más baratos y mejores de otras tierras. Ha hecho frente Sagasta a la rebelión, y declara que no ha de querer el mal de todas las provincias españolas porque continúen gozando de beneficios indebidos los fabricantes catalanes. No quiere Cataluña, que teje linos, lana y algodones, que celebre España un tratado de libre comercio con Francia, porque aunque de esto vendrá que los franceses compren mucho más vino del bueno de España, y que España compre a bajo precio los tejidos que hoy compra a precio alto, vendrá también que Cataluña no tendrá ya cómo vender sus lienzos burdos, o habrá de buscar modo de tejerlos mejor». Martí, si alguno de ustedes no lo sabe, es el mayor héroe que ha conocido Cuba, el gran patriota, el apóstol de la independencia (que no llegaría a ver, muriendo en combate contra los españoles en 1895), intelectual, poeta respetado y prolífico escritor. Vamos, que a su lado el Ernesto de Oleiros es un monaguillo. En sus cuatro mil páginas de obras completas -una edición en dos tomos bastante cansada, impresa en Cuba en 1946, cuando el citado Guevara y Jordi Pujol andaban acabando el bachillerato- hay escondidas perlas como la que les cuento. Se trata en realidad de lo que cantaba Paco Ibáñez de Góngora, que era letrista como Perales: Ande yo caliente y ríase la gente. Como hoy.

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