El desplome venezolano

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa MI QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Hace 83 años, el gran escritor y político venezolano Arturo Uslar Pietri, fallecido en 2001, formuló, en un célebre y certero artículo, la idea central que debía impregnar, impulsar y guiar la política de desarrollo de su país, hasta convertirlo en uno de los más desarrollados del mundo. El artículo se titulaba: «Sembrar el petróleo», que era la riqueza sobre la que literalmente flotaba -y aún flota- Venezuela y sobre la que debería cimentarse la prosperidad general de todo el país. Es decir, todo lo contrario de lo que ha estado haciendo hasta ahora el chavismo-madurismo, que ha condenado a la emigración a más de seis millones de venezolanos, mientras muchos otros languidecen en unas condiciones deplorables. Porque en realidad solamente los allegados al poder gozan de riqueza, seguridad y bienestar. Pero ni siquiera está escrito cuánto durará todo esto.

La realidad es que el autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, lleva tres días ejerciendo las competencias que le corresponderían, pero a la espera de un apoyo internacional masivo por parte de los países americanos (con Estados Unidos a la cabeza) y de la Unión Europea. El objetivo es la convocatoria de unas elecciones libres y bajo control internacional. Alemania y Francia ya se han manifestado a favor y cabe esperar que España haga otro tanto, sin que Pedro Sánchez se enrede con otros intereses.

Lo cierto es que el drama venezolano sigue en marcha, con protestas masivas de la población y centenares de arrestos, sobre todo en los barrios más pobres y con ciudadanos más desesperados.

Maduro no cesa de reivindicar sus «políticas», sin tener en cuenta los aún mayores recortes que el Fondo Monetario Internacional anuncia sobre las previsiones y expectativas económicas reales del país. Porque, según el FMI, Venezuela habría destruido la mitad de su Producto Interior Bruto real en los últimos seis años, «debido al hundimiento de la producción de petróleo y al empeoramiento de las condiciones de los sectores no ligados a la energía». Un balance simplemente catastrófico e injustificable, que anuncia aún males mayores si los cambios políticos no lo remedian. En este punto está hoy la tragedia venezolana, inexplicable en un país con tan enorme riqueza natural.