Más dura será la caída


Las resacas electorales son tan mágicas como los libros de Harry Potter. Con un golpe de varita, y unas cuantas palabras rituales, los resultados, por malos que sean, se transforman y adquieren tintes positivos. Casi nadie admite derrotas. Todos se autoproclaman triunfadores. 

Pasó lo mismo ayer al valorar el impacto de la manifestación ultranacionalista de Colón. Fue un fiasco, pero el casadismo lo vendió, de forma ridícula, como un éxito. No sé (no quiero saber) cómo lo valoró la Falange. Tengo claro que no ganó nadie. Ni el presidente socialista ni el triunvirato derechista alporizado y alporizador.

¿Pasará lo mismo en Galicia después del 26M? Eso parece. Mucho tienen que cambiar las cosas en tres meses y medio para que el pronóstico de Sondaxe (pequeños movimientos y realineamientos) derive en un cataclismo sistémico a lo andaluz. Ateniéndose a los datos publicados y a las tendencias detectadas, el PP de Feijoo y las mareas (con o sin Podemos) temen el veredicto de las urnas y pueden ensayar a coro el «más dura será la caída». El PSOE y el BNG, con motivos para ser algo más optimistas, tampoco pueden echar las campanas al vuelo. Ni mucho menos.

La combinación del sistema electoral y la ensalada de siglas que se prevé en las corporaciones tendrá consecuencias. Varios gobiernos municipales se decantarán por un puñado de votos. ¿Cuántos los decidirá la coyuntura política estatal o un hipotético efecto arrastre de las europeas? ¿Cuánto influirá Pedro Sánchez?

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