La derecha regala el centro


Siempre se ha dicho que las elecciones se ganan desde la centralidad. En condiciones normales, la ciudadanía no quiere correr el riesgo de que gobiernen los extremos. Lo vio muy claro el actual presidente cuando se propuso -con descaro y en abierta contradicción con la política que había desarrollado- encabezar el liberalismo español. Entonces ya se preparaba para las elecciones, presumiblemente inducido por su jefe de gabinete, Iván Redondo. Muchos lo tomaron de broma, pero fue su primer gesto de intentar acreditar una voluntad centrista que quizá tenga validez hasta las próximas elecciones. Al día siguiente dependerá de los pactos que tenga que suscribir.

Estando tan acreditada la estrategia de centro por la experiencia histórica, los primeros actos de intención electoral producen la impresión de que la derecha, en sus diversas siglas, hace la política contraria. Ha radicalizado su discurso. Utiliza términos extremistas. Abusa de los valores y los símbolos nacionales no solo para reafirmarse en ellos, sino para agredir al adversario, lo cual la sitúa en una posición excluyente. No tiene la cautela de usar la palabra diálogo, aunque esté devaluada. Y resulta inquietante que la primera oferta que hizo Pablo Casado haya sido la opción «o Torra o 155», con desdén de cualquier otra solución intermedia o incluso del acuerdo con el PSOE, como hizo Rajoy la única vez que el 155 se utilizó. De continuar así, se confirmaría que el conservadurismo español quiere crecer otra vez en la crispación.

El motivo del deslizamiento parece estar en Vox, que le roba militantes y votos. El tiempo dirá si la estrategia de querer anular al partido de Abascal con una ideología de combate es positiva. Y el tiempo dirá más cosas: si Ciudadanos ha renunciado también a ser el partido de referencia en el centro, identidad que combate el socialismo y toda la izquierda; si Vox es tan fuerte como dicen las encuestas, y si al final la suma de siglas permitirá formar gobierno. De momento, lo que dicen la mayoría de los sondeos es que el PP está en la pendiente de caída y el endurecimiento de su discurso no produjo resultados positivos. Si el partido clásico copia el estilo del partido reciente, está renunciando a una identidad labrada a lo largo de casi 40 años. Al PP le convendría estudiar urgentemente el mensaje que le está enviando la sociedad española.

Y lo peor: quien, siendo un radical, se las ha ingeniado para presentarse desde la centralidad es Pedro Sánchez, especialista en ocupar espacios vacíos. Tiene narices que sea así después de lo visto, pero repasen ustedes su discurso de anuncio de elecciones. La derecha -las derechas- le hicieron ese fastuoso regalo. Gratis y sin amor.

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