Cuando visitamos una cantera, una casa en construcción o un túnel en excavación, en la caseta de control el vigilante nos dará un casco, normalmente blanco, para que nos lo pongamos y sin él nadie entra. Ni la persona de más autoridad lo discute, a lo sumo pide un casco dorado. Si quiero practicar un deporte como la espeleología debo estar federado, lo que implica un control de mi forma física y pagar una cuota que incluye seguro de vida y médico por el período de la licencia. Y además debo entrar en la cavidad convenientemente equipado (mínimo con un casco y una luz frontal). Pero como las cuevas están dispersas por las montañas y no hay vigilancia universal podré entrar en una cueva sin el material adecuado o sin licencia federativa, pero si me ocurre algo o me sorprende la autoridad seré juzgado por el delito cometido y eventualmente condenado. Y en caso de accidente, mortal o no, si no estoy asegurado, deberé asumir todos los gastos relacionados con el operativo de rescate: hospitales, curas, ambulancia, helicópteros, etcétera, y los de todo el personal movilizado. El Estado de bienestar no lo cubre todo. Finalmente si en un entorno natural con posibles riesgos para mi vida o mi salud tengo a mi cargo menores, sean o no de mi familia, y les ocurre algo relacionado con alguna negligencia -atribuible, o no, a mí-, deberé enfrentarme a un juicio con una condena y hasta podría perder la custodia de mis hijos.
Entonces ¿por qué cuando visitamos un entorno natural como el Monumento Natural de Augas Santas (As Catedrais) nos empeñamos en transgredir todas las normas, incluidas las de una mínima prudencia? Solo hay una razón: la pugna entre autoridades. Desde hace más de un año asistimos a una sorda pelea entre la Administraciones local, autonómica, municipal y estatal (Demarcación de Costas). Y aún podríamos añadir tal vez al Seprona y a la Marina. Todas tienen algún tipo de competencias y ninguna todas juntas. Pero esencialmente dos de ellas tienen la mayor implicación: la Consellería de Medio Ambiente e Ordenación do Territorio de la Xunta de Galicia y la Demarcación de Costas del Estado. A la segunda le debemos su colaboración en una insólita planificación de la costa cantábrica con una carretera bordeando el acantilado y una cuadrícula de chalés. Y mucho dinero para regenerar playas y construir paseos marítimos con alumbrado de lujo. Se explica así que se hicieran dos informes geotécnicos seguidos, uno pagado por la Xunta de Galicia y el otro, por la Demarcación de Costas. Y en ambos se repiten las mismas recomendaciones para Augas Santas (As Catedrais): prudencia para un entorno de acantilado muy activo e inestable, con un número excesivo de visitantes, mas de 4.000 diarios, que incrementan peligrosamente las posibilidades de riesgo letal. Aunque nadie parece tomárselo en serio y la solución para salvar vidas es la cartelería.