Atrapados por el relato

OPINIÓN

Mariscal

03 sep 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La política actual española se encuentra en un proceso de transición entre el predominio del modelo tradicional programático de políticas públicas y el actual predominio del relato.

 Esta tensión entre programa y relato no es nueva. Anguita gritaba ¡programa, programa, programa! mientras el modelo programático de competición tradicional dejaba paso primero a la nueva importancia de los liderazgos y después a la del relato.

El peso de estos tres elementos, programa (políticas públicas), liderazgo, relato, ha variado en los últimos tiempos y varía de una elección a otra. Sin embargo, la incorporación de una nueva generación de políticos más jóvenes y más orientados a los medios de comunicación y a las redes sociales ha hecho de la preeminencia del relato el soporte de los nuevos liderazgos.

El problema de sobredimensionar el relato es que el relato te atrapa y convierte la competición política en el «juego del gallina», en el cual, el que frena antes pierde. Y así, mientras la derecha y algunos medios corean a los corredores a ambos lados de la carretera que conduce al precipicio, estos siguen acelerando sus coches con el único objetivo de no ceder primero.

Es cierto que la única solución a este juego es volver a las políticas públicas, como bien ha señalado Sánchez cuando plantea la inclusión de una salida programática, pero también es cierto que en nuestro tiempo no puede haber una salida programática que no tenga en cuenta la posición de los liderazgos. Y eso hace que Iglesias no pueda aceptar un planteamiento exclusivamente programático.

En esta triple ecuación, programa, liderazgo, relato, el objetivo de la política pasa por equilibrar las dos primeras y «envolver» con el relato, ahí se encuentra el patrón equilibrado de la competición política. Pero cuando el relato impone el contenido de la política solo se construyen escenarios poco propicios para el ciudadano. Esa es la situación en la que nos encontramos ahora, el relato se ha adueñado de la política. Un relato, que permite a la misma derecha que en otro tiempo reclamó al PSOE la abstención en la investidura de Rajoy, mostrarse indolente porque el protagonista es Sánchez; a Ciudadanos, abandonar el centro e irse a la derecha porque su líder practica un posicionamiento por antagonismos y ahora también le toca a Sánchez; y finalmente, al propio Sánchez e Iglesias llevándonos a toda velocidad al precipicio.

Porque puede ser cierto que unas nuevas elecciones den más estabilidad a Sánchez, pero no es menos cierto que estamos creando una cultura de inestabilidad del sistema en el que da la impresión que importan más los problemas de los políticos que los de los ciudadanos; y eso, a la larga, se paga.

Estamos atrapados por el relato. Pero si por un segundo volvemos a mirar a las políticas públicas y nos acordamos del valor de los liderazgos, todavía hay tiempo