Más que hermanos, España y Portugal somos gemelos. Fiel reflejo. Analicemos el siglo XX: nos llegaron las dictaduras en los años 30; la democracia, en los 70, y la integración europea, en los 80. En el siglo XXI, la derecha nos gobernó durante la crisis, la izquierda la sucedió mediante sendas mociones de censura y ahora vamos a las urnas también al mismo tiempo. Portugal acaba de celebrar comicios en pleno «milagro económico», tras mejorar sus cifras de paro, déficit, crecimiento, inversión o desigualdad, pero con problemas serios de precariedad laboral, sanidad, educación e infraestructuras. El «milagro» portugués explica mucho de lo sucedido en las urnas el domingo. Por un lado, el gran resultado electoral de su principal responsable, el socialista Costa. Por otro lado, el desplome de la derecha tradicional portuguesa, cuya fragmentación y sus propios errores la pusieron a los pies de los buenos resultados del ejecutivo de Costa. El centro derecha (PSD), que arrostró la crisis y el rescate, a pesar de lograr devolver el dinero en 2014 y ganar las elecciones en 2015, logra su peor resultado en casi 40 años. La democracia cristiana (CDS-PP) pierde casi el 75 % de sus escaños.
Las elecciones portuguesas dejan un escenario muy similar al que había, con la izquierda consolidada (crecen los socialistas, se mantienen los marxistas y caen los comunistas), lo que permitirá a António Costa gobernar con relativa facilidad; y con la derecha debilitada y dividida. ¿Puede España verse reflejada en el espejo de Portugal? Quizá sí. El PSOE podría salir fortalecido y sus potenciales socios debilitados, con el trasvase de Podemos a Más País, por un lado, y el previsible desplome de Cs, por otro. En la oposición, la derecha seguirá dividida pero el PP reforzaría su posición de liderazgo, recuperando votos de Cs y de Vox, sin expectativas reales de formar gobierno. No sabemos qué pasará el 10N, pero si sucede algo parecido a lo de Portugal no debe sorprendernos pues, a fin de cuentas, somos gemelos.