La mar arbolada

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

17 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El abrazo del señor Pedro y el señor Pablo ha desencadenado la ira de los dioses como hacía tiempo que no se veía por nuestras costas. Los mares bíblicos, como aquellos de Noé, de Moisés y de Jonás, se han rebelado y las olas inmensas de la costa parecen querer llegar a Madrid y arrasar el Parlamento, mientras los barones del PSOE, que un día fueron jóvenes y socialistas, protestan airados y ofendidos como lo hubieran hecho sus padres entonces. Lo que gana la derecha es ese inmenso favor que, antes de formar gobierno, les hizo el señor Pedro convocando elecciones y reforzando las tropas de populares y de imperiales. Yo, que en general estoy en contra del que manda, siento cierto sarpullido cuando veo la alegría de los recién llegados: el bar de la facultad al poder, los chavales con sus novietas. Y lo noto más porque al de los otros ya estoy acostumbrado. Hay algo en el señor Pablo particularmente molesto para una parte del electorado y él lo sabe -porque lo dice- y tal vez uno piensa que lo hace a propósito, como los hermanos Malasombra que a los niños en el parque les robaban los chupetes. Y el señor Pedro, por su parte, ha pedido con formas sensatas y conservadoras el voto a los pequeños empresarios y las abuelas para lanzarse a los brazos del diablo, como un gran pillo. Yo no creo que esto sea el fin del mundo. Las estaciones siempre se suceden en el mismo orden y por eso después del invierno llega la primavera. Pero tenemos un país grave y apasionado, de eso no cabe duda.