El Chicle ha sido condenado a prisión permanente revisable. Cuando el PP, en el 2015, impulsó esta figura penal se olvidó de explicar que no es ninguna panacea. No se garantiza, como muchos creen, salvaguardar a la sociedad de este tipo de individuos. Es mucho más efectivo, si lo que se busca es eso, que estos criminales cumplan íntegramente sus penas. Teniendo en cuenta que los agresores sexuales reinciden en un tanto por ciento muy alto, no podemos pasar por alto que técnicamente el Chicle podría acceder al tercer grado a los 18 años, obtener permisos a los 8 años y solicitar la suspensión de la condena a los 25. Es decir, que, pese a lo grandilocuente de la denominación de la pena, en apenas una década podría salir de prisión determinados días al año y volver a las andadas. Este riesgo, con la modificación de la ley en el sentido de que este perfil de criminal tenga que cumplir en su totalidad su condena sin posibilidad de beneficio penitenciario alguno, se atenuaría. Y por supuesto, cuando cumplieran y obtuvieran su libertad, que la policía los controlase permanentemente. Son legión los violadores que reinciden tras media vida entre rejas. Los beneficios penitenciarios, sagrados en un estado de derecho, deben ser aplicados al resto de penados. Pero, por seguridad ciudadana, no a los violadores.