La tentación

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

Lo definieron el otro día como fantasía delante de una cerveza, pero a medida que avanzaba la explicación, sobre la mesa y entre las preguntas insistentes de si habíamos pedido unas puntillas, se iba poniendo en marcha ese mecanismo perverso por los que los sueños, de alguna manera, acaban convirtiéndose en pesadillas. Hay gente que por un puñado de euros cae en la tentación de exponer sus carnes, su vergüenza y cada segundo de su vida. Y por alguna razón, hay muchísima más gente que cae en la tentación de regodearse en las miserias ajenas y engullir altas cantidades de desgracia ajena. De eso está compuesta la telerrealidad 3.0, la que nació del estercolero de violencia sexual en el que se había ido convirtiendo, edición tras edición, aquel experimento sociológico de principios de milenio. De parejas rebotadas de otras telerrealidades dispuestas a perderlo todo, hasta los nervios y la dignidad, por echarse unos euros en la cartera. Una oda a los sentimientos tóxicos y a los estereotipos más sexistas. El culmen de esa forma de evasión que es sentirse superior a otras personas. No podía tener mejor nombre este nuevo programa de la generación telebasura. Pero que quede claro, las tentaciones de esta isla poco tienen que ver con la infidelidad o la confianza ciega. El auténtico pecado es el de una sociedad dispuesta a merendar sentados frente a la desgracia ajena.