¿Quién defenderá a España en la mesa?


Faltan cuatro días para el 26 de febrero. Ese miércoles comenzará su camino la mesa de negociación entre el Gobierno español y el Gobierno catalán. Ya está claro que será en condiciones de igualdad, como si fueran lo mismo, como si tuvieran las mismas competencias. Como si tuvieran la misma autoridad y las mismas responsabilidades. A la hora de comentar lo que viene creo que son precisas al menos tres consideraciones: quiénes van a negociar, qué se va a negociar y hasta cuándo van a estar sentados, con acuerdo o sin él.

Primero, quiénes van a negociar. A Pedro Sánchez se le fue la mano y le salió una composición de la mesa que parece pensada para desembocar en un referendo de autodeterminación. Salvo novedades de última hora, no es para crear mucha confianza entre los defensores de la Constitución. Ahí tienen, por parte del Gobierno, unos nombres de Podemos y los Comunes que siempre se han distinguido por su defensa de la consulta. No es que sean exactamente independentistas, que no lo son, pero sí partidarios de que el pueblo catalán decida su futuro político. Pablo Iglesias lo dijo en alguna ocasión. El señor Asens, su portavoz en el Congreso, no necesita disimular. Y el señor Castells, ministro de Educación, es conocido como la cuota Colau en el gabinete. Su reconocida categoría intelectual no le impide una querencia al derecho de autodeterminación. La esperanza constitucionalista es Carmen Calvo, tan buena gente que en la anterior intentona aceptaba la figura del relator, transformada ahora en mediador internacional, según la carta que Joaquim Torra le dirigió a Pedro Sánchez.

¿De qué se va a hablar? El presidente español puede olvidarse de seducir a los asistentes -al menos a la parte catalana- con inversiones, financiación o mejora de los servicios públicos. Eso no les interesa para nada. Ya no les interesó a Artur Mas ni a Puigdemont cuando discutieron con Rajoy dos listados de propuestas, y mucho menos va a interesar a Torra, que no entiende de asuntos terrenales. Como digo, le escribió una carta a Sánchez para enmarcar el contenido de la mesa y estos son sus objetivos, claritos como la luz del sol: reconocimiento y ejercicio del derecho de autodeterminación; fin de la represión, amnistía y reparación, y, cómo no, mediación internacional. Los partidarios de dialogar nos encontramos aquí con el gran leviatán.

Pedro Sánchez espera que las conversaciones serán largas y tensas. Tensas lo serán, porque ya se encargará Puigdemont de que Torra y los suyos no cedan ni retrocedan. Largas, ya veremos. Lo mismo terminan el día de la votación de Presupuestos. Una vez obtenido el «sí» de Esquerra Republicana, el presidente Sánchez ya no necesitará tanto hablar.

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