Uno, que es autónomo, siente que este país pertenece al Estado y sus funcionarios, que no se ven sometidos a los vaivenes del proceloso mar de la economía. Villares, que es un idealista, dice que se va porque a los suyos solo les interesa el puesto. Como a él, vaya. Y corre por las redes la intervención de Vox en el Congreso afeando a Podemos la creación de nuevas comisiones para cobrar suplementos y colocar a aquellos de los suyos que todavía trabajan en la Universidad, o que están en el paro. Yo no sé si los autónomos somos proveedores de políticos, pero creo que no, que desde el ministro socialista Corcuera, que era electricista, más bien se accede a la política desde la función pública. O, a veces, directamente desde casa. Y es raro lo de Villares, como lo fue lo de Gerardo Iglesias hace ya muchos años o lo de Xulio Ferreiro. A veces hay falsas alarmas y el que se va vuelve -al Senado o a la Plaza de Ourense-, y se queda para siempre como los padres fundadores, como un bolero de Los Panchos.
Las caras de felicidad de los nuevos diputados son el espejo del alma de aquel a quien han tocado los euromillones. Y esa es la verdadera complicidad de nuestros diputados, que se divierten a costa de Ábalos. Pero Ábalos, que también cobra lo suyo, se ríe con ellos. Y el mejor diagnóstico de la situación lo dio Maduro desde Venezuela riendo más aún. El futuro de España está en manos de Delcy. El de los autónomos también.