Una inadecuada gestión del terror

OPINIÓN

Julio Muñoz | Efe

21 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Días de reclusión, millones de personas confinadas y surge el escándalo cuando algunos rebeldes violan el encierro. Y la solución en el brazo ejecutor del Estado: policía, Ejército, Guardia Civil, auxiliados por una leva altruista de invisibles delatores. Todo lo motiva el miedo a morir, un terror que ancla a la mayoría en sus casas aunque otros tratan de huir buscando un entorno mas seguro, ¿segunda residencia?, si la tienen. Y los prisioneros que no pueden huir a ningún sitio demuestran su odio por los rebeldes con agresividad verbal, carteles anónimos en sus casas y denuncias clandestinas. El desafío de los rebeldes se concreta también en actos menores; ausentarse del hogar, alargar el paseo del perro, tardar en volver con el pan, muchas visitas al supermercado. Y se sustituye un miedo (coronavirus) por otro, las denuncias, el control sorpresa en cualquier lugar y a cualquier hora y al final los tribunales. Para el Estado lo mas cómodo es el miedo, aunque le dé un rictus de régimen autoritario más que de democracia. Lamentablemente no se valora el terror provocado con el parte de bajas, en hospitales o residencias tanatorio. O la claustrofobia en el hogar dormitorio para descansar unas horas y que ahora es un micromundo superpoblado, que si lo abandonas te expone a los francotiradores del miedo. No es buena solución mantener al pueblo confinado sine die en sus casas mientras los políticos con su verborragia habitual emiten noticias contradictorias. Una pistola, una metralleta, un martillo, solo sirven para dar golpes. Y si crece el terror la gente se rebela, ya se está viendo.