
Que a un gobierno con dos meses de vida, sostenido por una coalición endeble, le surja una pandemia no es la mejor de las noticias. De ahí a la pesadilla en la que vive España hay un trecho. Es cierto que sin precedentes similares a la vista, con la única referencia de Italia que llevaba unos días de adelanto, quizás hayan sido humanas las dudas al inicio de la crisis y la lenta aplicación de medidas. Pero que 40 días después el país siga instalado en la misma sensación de caos y desorganización quiere decir que todo falla.
Los 22.000 muertos son una cifra suficiente para ir con cuidado con el desconfinamiento. Pero un país paralizado y la amenaza de una recesión económica del 8 % por lo menos, son también razones para empezar a dar pasos, quizás cortos, pero siempre firmes y razonables, que permitan ir recuperando la actividad social y la económica.
No se trata de ir más deprisa de lo que aconsejen los datos. Pero sí es hora de saber que existe un plan, un proyecto serio para sacarnos de la crisis y no solo una suma de improvisaciones y ocurrencias que anunciar en el informativo de las nueve.