Feijoo y la táctica

Nieves Lagares
Nieves Lagares Díez FIRMA INVITADA

OPINIÓN

14 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando Feijoo comenzó a sumarse a las posturas de Urkullu sobre la prórroga del estado de alarma, no fuimos pocos los que interpretamos en clave electoral esta inusual coincidencia. Siempre he visto en Feijoo un líder competitivo, fuerte, dotado de talento y de ambición para administrar la táctica, pero institucional en la estrategia. Y creo que esto, más allá de unos pocos errores, le ha dado importantes éxitos en su andadura política.

Feijoo y Urkullu son hoy los únicos líderes no socialistas que encabezan un gobierno monocolor en España; y apenas hace seis u ocho meses que todo parecía dispuesto para que ambas comunidades avanzaran por la senda de los gobiernos de coalición, resultado natural de este ciclo de elecciones autonómicas posteriores a la dispersión de la derecha española.

La crisis del coronavirus ha hecho que ambos líderes aplazaran sus elecciones invocando una dudosa constitucionalidad, pero con la enorme autoridad del sentido común. Era impensable realizar las elecciones en las circunstancias de riesgo objetivo y subjetivo por el que atravesaban los ciudadanos y, de hecho, más de 50 países sensatos aplazaron también las suyas.

Crisis, riesgo, confianza, incertidumbre y estabilidad son palabras que se vinculan unas a otras en la política, enlazando cadenas que generan oportunidades, posibilidades y probabilidades. Esto lo saben bien dos políticos de largo recorrido como Feijoo y Urkullu y, por eso, ambos acertaron a singularizarse y construir un discurso de defensa de intereses sectoriales, afianzado en las grietas que ofrece la imposición de normas generales para realidades tan diferentes.

No tengo ninguna duda que una crisis como esta, con tantos matices y diferencias, solo puede abordarse desde un mando único; pero tampoco tengo dudas sobre los desiguales efectos políticos que produce. En todo el mundo, según las encuestas, la inmensa mayoría de los ciudadanos han aplaudido los confinamientos como forma de lucha contra la expansión del virus, pero la respuesta a la desescalada, a cómo se va a abordar la nueva normalidad, está siendo desigual y controvertida.

En las próximas semanas, la fortaleza adquirida por Feijoo y Urkullu se va a encontrar con los momentos de mayor fragilidad y desconcierto de los ciudadanos frente a las decisiones del Gobierno socialista. Las medidas que pueda establecer el Gobierno no van a evitar que la nueva normalidad sea difícil en sus usos, conflictiva en la convivencia y pobre en la caja. Frente a esta situación, Feijoo y Urkullu reclamarán del Gobierno central medidas que devuelvan la prosperidad perdida, y los socialistas, claves para la construcción de gobiernos alternativos, tendrán que defenderse de lo que viene.

A Feijoo no le queda otra que evaluar la incertidumbre de perder la institucionalidad estratégica, la misma que le llevó a aplazar las elecciones, y que incluye el riesgo subjetivo que puedan sentir los ciudadanos al ir a votar, especialmente en targets afines al PP. Pero todo indica que una vez más, en política, se impondrá la táctica.