Rapaces

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

Hay días en los que da la sensación de que no dedicamos a labrar latifundios de odio. Surcos de desprecio que van horadando la pantalla y en los que de pronto brotan insultos gruesos, auténticas faltas de respeto que han crecido abonadas con el fanatismo de los de aquí contra las estrecheces mentales de los de allá. Y van creciendo jugosos comentarios despectivos sobre cualquiera. Y el teléfono te lanza a la cara tratados de auténtica imbecilidad vestidos de academia. Ataques furibundos adornados con palabras rimbombantes, cuando no una amenaza simple y llana con lenguaje soez. La sencillez de la maldad humana.

Ahí están los carroñeros lanzándose restos muertos a la cara. Escupiendo su odio a diestro y siniestro, si al final lo único que les mueve es la descarga. Frustraciones que se pudren en los abismos de una pantalla. Y de pronto, una tarde de plomo aparece con las alas extendidas un poco de esperanza. Una pareja de cernícalos que ha anidado entre las macetas de cualquier ventana. Y sorprendentemente son las aves rapaces las que traen un poco de calma. Y Chiquito crece a su ritmo y aguantas la respiración cuando ves que sus hermanos ya se encaraman. La emoción del primer vuelo y una pizca de tristeza cuando amanece y entre los tiestos todavía no hay un alma. La historia de una familia de depredadores es lo que devuelve la paz a unas redes sociales descontroladas.