Urkullu y los demás

abel veiga EN LÍNEA

OPINIÓN

03 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Siempre la misma cantinela. El soniquete estrambótico y ditirámbico. Dos de las tres históricas contumazmente no asisten a la conferencia de presidentes, y cuando lo hacen, son noticia. Como a los desfiles del 12 de octubre y así un largo etcétera, salvo cuando la foto tiene un peso moral y sentimental distinto, y hay que acudir a la laica e insulsa ceremonia por las víctimas del covid a depositar una rosa en una aterciopelada y luctuosa mesa a modo de pebetero. Aún no nos han dicho una cifra creíble, objetiva y real de los fallecidos, en lo que constituye una falta de respeto colectiva a la memoria de miles de españoles, lo que, al lado de la rapiña y la corruptela generalizada que hemos escuchado, visualizado y leído, no por inaudita, no menos creíble y no por mirar durante décadas hacia otro lado, es exigible responsabilidad. Y hablaban de regeneración.

Pero, más allá también de esta imagen atropellada y buscada de luto riguroso, en la que, tanto Urkullu como Torra, acudieron al Palacio Real, lo cierto es que ni el uno ni el otro se prodigan ni se rebajan a que sus autonomías, eso es lo que son, sus regiones, eso es lo que son, salgan en la misma foto. Menos en algún acto institucional de sus regiones en el que, a su lado o detrás, ondee o esté la enseña nacional. Aún siendo representantes del Estado en sus comunidades, que es lo que son. Y donde todos los presidentes del Gobierno miraron también hacia otro lado condescendientes y timoratos para no enarbolar los ánimos encrespados verbalmente de tan honorables presidentes.

Aquel pérfido café para todos, pero desigual, con que nos vendieron la Transición, y con autonomías de primera y de segunda -¡cómo lo hemos olvidado!- todavía late. Aún hoy prosiguen fuertes diferencias competenciales entre el País Vasco, Cataluña y, en lo fiscal, Navarra con el resto de comunidades autónomas absolutamente injustificables, manifiestamente desiguales y grotescamente argumentadas, salvo por las necesidades de los Gobiernos de turno que no tenían mayoría absoluta. Los nacionalistas vascos y catalanes supieron jugar sus cartas con socialistas y populares, todos, a los que la igualdad entre ciudadanos y regiones solo era un enunciado mayestático pero vacuo que no impediría gobernar pagando los peajes exigidos. Cesiones de impuestos, policías autonómicas, competencias de tráfico, hacendísticas y un larguísimo etcétera.

Vivimos los momentos dramáticos -aunque estos, en verdad, para los que han perdido a sus familias y sus empleos-, tiempos de enorme irritabilidad, confusión y medias verdades, donde cada uno trata de sacar tajada, provecho y oportunidad y hueco. Exactamente lo mismo que han hecho los veintisiete países de la Unión. Cada uno ha peleado por lo suyo, y ha ido con uñas y dientes a tensar la cuerda, pero gracias a que había que fortalecer y consolidar el euro, ha habido acuerdo. De lo contrario, volaría por los aires incluso el constructo europeo tan artificial como siempre, tan débil como nunca. Los holandeses han sido puestos como los malos de la película, pero lo que han hecho es prevalerse de sus prerrogativas y privilegios fiscales en la Unión, como también España. Ojalá el Gobierno de Rajoy hubiera hecho consolidación fiscal y no mirado hacia el infinito. Quizá hoy España estaría un 20 % menos endeudada para salir de una crisis de órdago en la que los millones que vienen no llegan para nada y menos para los sueños irreales del socio del Gobierno.

Pero la noticia ha sido que Urkullu ha ido a La Rioja y hay foto. Pero, ¿a cambio de qué, cuánto cuesta esa foto? Y, la gran pregunta, ¿ya está hecho el reparto de esos millones, la mitad préstamos a devolver, la mitad subvenciones que no siempre se gastan como se debieran y menos se fiscalizan como se debería realizar? De algo así han acusado ya al Gobierno algunas comunidades.

Pero empezamos a pensar que la segunda oleada ya está aquí y dejémonos de fuegos de artificio. Dígannos la verdad de antes y la de ahora. En cifras, en tasas, en ingresos, en ucis. Dejen de tratarnos perennemente como menores de edad.