Blanquear el verano

Carlos G. Reigosa
carlos g. reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

17 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Pedro Sánchez dijo el pasado 31 de julio, en su reunión con los presidentes autonómicos, que ya estamos en la fase de la recuperación económica, y los invitó a implicarse en la gestión de los fondos de la UE, que estará tutelada por una comisión interministerial que él dirigirá. ¿Es algo inconcreto? Eso han dicho los presidentes autonómicos del PP y del PNV (Íñigo Urkullu). Pero Sánchez ya ha elegido la foto en la que quiere estar, algo para lo que siempre tiene talento y sentido de la oportunidad. 

La realidad es que ya todos nos hemos hecho una idea del elevadísimo coste de parar el virus. El producto interior bruto se hundió entre abril y junio un 18,5 % respecto al trimestre anterior, que supone la mayor caída desde la Guerra Civil. Las restricciones por la pandemia volatilizaron en la primera mitad del año casi una cuarta parte del PIB, es decir, se dejó de producir por valor de unos 300.000 millones de euros, una cantidad que bastaría para pagar durante dos años las pensiones de los diez millones de jubilados.

El hecho de que los contagios se hayan multiplicado por ocho desde que acabó la alarma, con un gran número de infecciones (que parecen tener su origen preferente en el ocio nocturno), nos ha colocado, tras el confinamiento, ante un panorama epidémico que algunos medios han calificado de verano negro. Pero Sánchez ya nos habla de otras cosas (sobre todo, en TVE), porque sabe que ese no es un tema políticamente rentable. Ha preferido irse de vacaciones (modélicas, como siempre) para luego afrontar el futuro con asuntos más prometedores, en su papel de gran guía recuperador.

Resulta que lo estábamos haciendo todo tan bien que hemos acabado por sacar la peor nota. Algo explicable ahora, pero no deseable. Porque resulta que, yendo tan bien como se nos decía, no sabemos por qué tenemos las peores notas de Europa. Algo falló, y creo que no es difícil adivinar qué ha sido. El Gobierno español con más vicepresidentes y ministros no fue capaz de librar una batalla bien organizada, aunque tuvo al frente personas de innegable mérito. ¿Qué faltó? Orden. ¿Y qué sobró? Caos. Pero Sánchez ya está liderando un futuro prometedor, sin ese pasado ya olvidado. Como si fuese posible blanquear el verano.