As cousas son outra cousa

Manuel Mandianes AL DÍA

OPINIÓN

BASILIO BELLO

Aquellos que se llevaron con ellos nuestros paisajes y sus sueños y, con un abrigo de pino, reposan ya bajo tierra, ahora nos son más cercanos e íntimos que cuando estaban entre nosotros. La muerte hace nuevo lo viejo y próximo lo lejano, vence las resistencias, deriva los muros, nos vuelve un poco a la niñez, nos desliga de todo vínculo, convierte el tiempo en eterno reposo, nos abre el corazón, nos deja libres como la piedra en caída libre e inutiliza la belleza. A muchos, solo ahora, se les puede contar en silencio vivencias que la lengua no puede ni sabe decir. El duelo es entre nosotros una ofrenda.

Su ausencia está presente siempre y en todas partes; porque están vivos, el recuerdo de la muerte no es tan traumática como en otras partes del mundo. Al atardecer, los que se fueron, que sin embargo siguen ahí, nos hacen un lugar al lado del fuego del hogar que dibuja sus bocas, musita sus nombres y nos recuerda las campanas del campanario cuando ya no tocan. Ellos son ventanas que lo comprenden todo. El magosto, que debería celebrarse estos días, es la celebración civil y actualizada, y Fieles Difuntos celebración cristianizada del Samhain con que los celtas celebraban el recuerdo de sus antepasados.

Con los muertos nos ejercitamos en el silencio porque lo desconocido y lo ilimitado es indecible. Para la mayoría de la gente, los cementerios son, en esta época -en otras épocas se olvidan de ellos-, un arrimadero y un podridero de flores. Para los gallegos, el cementerio es el jardín de los muertos porque creen que los muertos están vivos. Los celtas creían que los muertos viajaban a otra dimensión de este mismo mundo y los cristianos creen que los que se van viven en otro mundo, el cielo.

Un emigrante gallego me decía hace tiempo en Estrasburgo: yo no creo en nada pero, cuando alguien se va al pueblo, envío por él dinero al cura para que tenga unas misas por el eterno descanso de mis padres, porque «as cousas son outra cousa» cuando, por medio, están nuestros difuntos.