Campanadas sin jolgorio

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

No existe acuerdo acerca de cuántas veces es necesario repetir una acción para que esta quede instituida como tradición. ¿Tres, cinco, diez? Ahora que las cadenas compiten cada Nochevieja por ver quién exhibe al rostro más popular y al vestido con menos gasa en los balcones de la Puerta del Sol, parece que los presentadores de las campanadas hubiesen estado siempre ahí. Pero fue en 1990, hace casi nada, cuando los humoristas Martes y Trece cambiaron por primera vez al locutor que narraba desde atrás las doce uvas por dos animadores de esmoquin. Ellos debutaron entonces. Pero la gente que festejaba abajo, en la calle, había estado ahí desde muchos años antes. Al acabar este 2020 de la distancia social, más de hidroalcohol que de alcohol, el que no estará en la plaza será el público. Ni uno de los que cada año animaban ese minuto de oro podrá saltarse la prohibición. En esta no-Navidad que se avecina, después de un año de restricciones, tocará despedir la Nochevieja por la tele sin petardos, sin planos de pelucas brillantes, sin matasuegras.

Cuando los partidos de fútbol regresaron sin público en los estadios, los espectadores descubrieron lo mucho que ese ruido de fondo calienta una retransmisión. Los canales de pago optaron entonces por camuflar el vacío con los gritos enlatados de una hinchada ficticia. Las campanas del 2021 tendrán que resonar sobre el silencio.