Las prisas de Sánchez

Carlos G. Reigosa
carlos reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

11 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El presidente Sánchez siempre parece urgido por algo, pero casi nunca sabemos por qué. No obstante, y sea por lo que sea, lo cierto es que los datos están ahí y que, según consta, ha batido todos los récords al publicar 39 decretos «de urgente necesidad» en un año. El mismo Sánchez que atacaba a Mariano Rajoy por abusar de los decretos ley como forma de gobierno.

 Sería injusto no tener en cuenta la pandemia como agente activador de la diligencia del actual presidente, pero parece seguro que, aún sin coronavirus, su afición al decreto ley no hubiera decaído. Porque, de hecho, esta práctica comenzó con su acceso a la presidencia del Gobierno, y no parece haber llegado el momento en que amaine su pasión por elaborar decretos y avanzar por inciertos atajos.

Es algo que ya se le ha echado en cara, pero no parece que esto vaya a arredrarlo. Porque, con su fórmula, los caminos se acortan y se evita el forcejeo dialéctico con unos adversarios ya orillados de antemano.

El decreto ley está previsto para circunstancias excepcionales, cierto, pero ¿qué no es excepcional para Sánchez? El presidente llegó al poder retorciendo los caminos, rehaciendo primero el PSOE a su medida o capricho, y después, echando mano de todos los poderes. ¿Adónde nos quiere llevar ahora? Quizá ni él lo sabe, como acreditan sus reacciones ante cualquiera de las situaciones conflictivas que afronta y que suelen tener sus nombres propios: Cataluña, Podemos, Pandemia y un largo y complejo etcétera.

No, no es muy difícil entender su habilidad para lidiar con las dificultades. De hecho, siempre mantiene varias posibilidades de negociación abiertas, con unos y/o con otros. Y siempre se reserva su capacidad de optar, de elegir o de rechazar, según lo que estime más conveniente en cada caso. Lo único malo de este juego es que se le pueden cansar algunos interlocutores. Pero los que nunca se cansarán son los que, en cada negociación, obtienen una ventaja o consolidan un privilegio (ERC, EH Bildu, etc.).

Este es el problema de las prisas de Sánchez: que nos pueden salir caras e incluso tener consecuencias irreparables. En este punto, el presidente debería dejar de jugar con todo, pero… ¿Sabe hacerlo? ¡Ay, las prisas! ¡Ay, sus temores y sus dudas! Porque de esto depende todo.